noviembre 25, 2009
Para todos: Facico
noviembre 23, 2009
Imágenes de mi Habana 3/3: Sin tierra
Conocí el blog de Yoani Sánchez por una clase de Periodismo, cuando un profesor mexicano me preguntó por ella a propósito del premio Ortega y Gasset. En ese momento me resultó más divertido el hecho de que algunos de mis compañeros de clase pensaran que Ortega y Gasset eran dos amigos que siempre andaban juntos y no le di importancia a Generación Y.
Un día entré por curiosidad, el concepto del nombre llamaba mucho mi atención. Al leerlo pensé que era un blog que podría haber escrito cualquier persona, sin necesidad de una profesión de periodista (argumento que la misma Yoani repitió en una entrevista que hace poco vi en Youtube).
Noté que los comentarios que replicaban los posts eran muy ofensivos, tanto de una parte como de la otra. La revancha, el espíritu de venganza y de odio que enfrentaba a personas que tenían en común historias, recuerdos, melodías y sabores me espantó. Sinceramente.
Salí volada del blog y no regresé a tocar el tema con nadie hasta hace poco más de un mes, en el Encuentro Latinoamericano de Facultades de Comunicación Social (Felafacs) en el Palacio de las Convenciones en La Habana.
Ya me habían contado que Yoani era un tema tabú en Cuba, y por más que había indagado con mi familia, amigos y vecinos nadie la conocía ni jamás había oído o leído algo sobre ella. Esto era lógico, tomando en cuenta que Yoani es "más virtual que real" como ella misma se ha calificado y que en Cuba para conocer lo virtual se deben disponer de recursos que mi familia no posee.
Luego supe que en Cuba su blog había sido bloqueado, tema que fue constatado por la avalancha de participantes en Felafacs que ansiosos por el morbo corrieron esa tarde a buscar Generación Y desde sitios públicos, laptops, netbooks, Blackberrys y todo dispositivo que se le parezca.
Fue en el tercer Diálogo, con el tema de las nuevas tecnologías y el mercado laboral en comunicación, que se destapó el tema. Ya durante la conferencia magistral de esa mañana, Octavio Islas había halagado hasta el cansancio a Ramón Alberto Garza, director de Reporte Índigo, una de las revistas de periodismo de investigación que más respeto y admiro en México.
Al tomar el micrófono, Garza llevó de un tema a otro hasta engancharlo rápidamente a Yoani, y pidió al gobierno cubano que la dejasen salir a recoger el Premio María Moors Cabot, que le había otorgado una mención especial y de cuyo jurado el propio Garza había formado parte.
Pasó a otros temas, pero sinceramente no escuché nada más. Como estaba sentada en la parte trasera del salón, sentí mi cabeza calentarse, sentí los nervios de antaño en todo mi cuerpo y comencé a ver entrar mucha gente, otros salir, todos a moverse despavoridos y algunos constreñir el rostro, aguzar los dientes, conteniendo la ira.
Al final Garza regresó al tema de Yoani y dijo que una sola persona, sin un gran medio de comunicación detrás, podría generar un gran cambio. Creo que en ese punto ya nadie más escuchaba, a excepción de los extranjeros, que ni idea tenían de lo que vendría a continuación.
Se dio la palabra a Arleen Rodríguez, recuerdo de ella una frase en particular: es muy fácil vender a Cuba, lo que es difícil es defender a Cuba. (Aplausos repetidos y largos).Luego habló una estudiante de Periodismo. Dio los datos exactos del dominio y la página (datos que hacía diez minutos le había yo explicado a un amigo, también estudiante de Periodismo en la UH). Dijo que el dominio de la página de Yoani era alemán, que tendría que tener respaldo económico "del imperio" para tener tantas traducciones a idiomas y que ella no trabajaba, así que tenía que ser mantenida de algún enemigo de la Revolución. Me pregunté de nuevo cómo sabía todo eso, si el sitio estaba bloqueado en Cuba, según ella por Estados Unidos.
Ahí me dije, ¿y cómo se mantiene Yoani? ¿Quién es ella, por qué hace todo eso, finalmente? La interrumpían continuamente con aplausos, griteríos, entre las caras de absoluta sorpresa de los delegados internacionales, que asistían a un festejo ajeno al que no habían sido invitados.
Luego replicó Garza. Con una media sonrisa, la voz pausada (sin la evidente pasión al tema que mis compatriotas mostraron) dijo: yo no estoy defendiendo a Yoani. Estoy diciendo que tienen que haber muchas como ellas, para que cada quien dentro y fuera de Cuba haga su versión de lo que sucede aquí. Y digo que esos fantasmas, esos grandes emporios de los que hablan ya no existen, una sola persona que es leída puede ser un gran cambio.
Y se calló, aún con la risa en los labios.
Alcancé a ver como Octavio Islas, apenado, pedía disculpas a una profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, organizadores del evento.
Al salir, aún me temblaban las manos.
He pensado largamente en todos los argumentos que pude decir esa tarde. Que Yoani podía ser vendida pero que no podían comprar a todos los que entraban a su blog, que su éxito era culpa de que no hubieran otras propuestas mejores (entonces no conocía La Polémica Digital, que creo es no sólo mejor sino mucho mejor), que era una contradicción que le dieran tanta importancia y levantara tanta furia alguien que "no representaba nada", que Cuba es mucho más que las historias de una sola persona, pero es también las historias de una sola persona.
Pero no dije nada. Aún con mi ciudadanía extranjera, mi título de una Universidad en México, mi larga trayectoria contestataria en cualquier tema, desde la elección del menú hasta las posiciones políticas, no dije nada. Lo poco que dije fue tomado como lógico, porque yo vivía en el extranjero. Ninguneado, claramente.
Pocos días después, declaró que había sido atacada, culpó a la seguridad del Estado. Me atreví entonces a escribirle, bajo apodo, para pedir una foto de sus golpes. Fui acusada por sus comentaristas de comunista retrógrada. Afirmaron categóricamente que era yo empleada de una oficina de seguridad, y que escribía desde la comodidad de una oficina climatizada en Miramar.
Yo, enferma en Veracruz, me sentí de nuevo sin tierra.
noviembre 10, 2009
Imágenes de mi Habana: "Venceremos" 2/3
noviembre 09, 2009
Imágenes de mi Habana 1/3
La Habana es una de las únicas partes totalmente ciertas de mi vida. Por eso es que no podía dormir los días previos, por eso el que Carlos fuera conmigo se revestía de un halo más importante, por eso ver a abuela, cosida a la ciudad desde que tengo memoria, era de una dimensión colorida y violenta para mí.
Llegamos al sabor ocre de los octubres de mi tierra y, al llegar, me asaltó la misma palabra de siempre: desenfado. El aeropuerto tenía como siempre esa mezcla de miedo y lujuria que proyecta la capital. Me gustó más que Carlos estuviera ahí, para que el recuerdo fuera totalmente mío, sin tener que adobarlo para contárselo después.
1/3
Vamos al jamón. Temblaba como un papel cuando recogí mi pequeña maleta de 24 kilos y medio, de la estera para equipajes desde México. Un tipo de al menos dos metros señalaba nuestra otra maleta (la otra, la de la comida, con un enorme asterisco azul pintado en la etiqueta) y decía: ésa está repleta, no dejen que se les vaya. Desentendida, caminé lo más derecha que pude sin ver a mi esposo quien, ya alistado en los menesteres de la Aduana de Cuba, me miraba de reojo para que no nos pasaran juntos a la revisión del peso para pasajeros cubanos.
Me dispuse a la salida como quien no quiere la cosa, aunque me regresaron a buscar un carrito y dirigirme a la zona de escrutinio de los 30 kgs permitidos para nacidos en mi isla. Ya me habían advertido que este peso era de 30kgs sin importar que la aerolínea permitiera 50kgs por pasajero, pero lo que no me habían dicho era que también pesaban mi equipaje de mano.
En un hilo acomodé ambos equipajes en la pesa cuyo resultado fue: exento de pago. Suspiré. Mi bolsa de mano no excedía el peso. Ya casi salía del trance cuando vieron que mi talón de equipaje no decía mi nombre sino otro: Carlos Cerdán. Aún temerosa de que vieran que era mi marido, dije que debía ser una equivocación porque todos los pasajeros rumbo al Congreso de Felafacs en el Palacio de las Convenciones habíamos documentado juntos en el Distrito Federal. Pasé otra prueba y ya con talón en mano me moví feliz, ya por otro pasillo, hacia la salida donde esperaban mi tía y mis amigas.
Pero no era todo. Detuvieron a Carlos por el asterisco en la etiqueta y lo mandaron a "revisión sanitaria". Enojado, desvió el carrito y tuvimos que esperarlo afuera, bajo advertencia de los presentes de que le cobrarían al menos doscientos CUC de exceso de equipaje por traer comida para mi familia.
Aquí la parte que él relata: abrieron la maleta, tocaron todo lo que venía sellado y en la parte que estaba envuelta en la toalla sintieron algo frío, el jamón. "Tengo que retirárselo, señor, es por restricción sanitaria debido a la influenza porcina".
Era un jamón de seis kilos, de pavo y sellado al vacío, que traíamos a mi abuela por su cumpleaños. Era un jamón corriente, simple, sin gran añejo, proveniente de una finca en Veracruz casi desconocida. Era un jamón que se adquiere en la tienda de la esquina de mi casa por $30 el kilo. Sellado al vacío, bajo las normas de ingreso de comida a cualquier país del mundo.
No le cobraron nada, dicen que por su pasaporte decía Estados Unidos Mexicanos.
Y me pregunto, ¿de dónde salen estas reglas? ¿Por qué debemos pagar por ingresar víveres que el gobierno no ha surtido en las tiendas, por qué nos limitan por cosas que aún con dinero y por los motivos que sean en la isla no se pueden comprar? Esto no tiene nada de político, es más un caso de burocracia y, si me permiten, tontería. No es Cuba ni remotamente el único país del mundo donde los que viven en el extranjero mantienen parte del núcleo familiar. Ni es tampoco quien impone los reglamentos internacionales de protección sanitaria. Lo que pasa es que se dan armas para que el empleado de Aduanas, ciudadano de a pie con las mismas necesidades que mi abuela, se le antoje con toda razón 12 libras de jamón de pavo.
Y esas armas debe ponerlas el gobierno, no dejarlas al albedrío de un empleado cuyas necesidades y aspiraciones tampoco han sido totalmente cubiertas.
Es, como dirían en mi casa, como esperar que dure un merengue en la puerta de un colegio.
mayo 22, 2009
Homenaje a Mario Benedetti

Dónde esté, si es que está, será una pena que no exista Dios. Pero Mario descansó en domingo, extrañando a Luz, contestando con su cuerpo todas las preguntas sobre la mortalidad, la trascendencia, que en vida se hizo, nos hicimos. Se nos murió Mario, dijeron el domingo. Una señora lloraba en el Palacio, a unos pasos de su cadáver sin haber podido estar en vida a unos pasos de él, sin haber recibido su candidez y su humildad, su compromiso y su constancia. De hombres de constancia estamos faltos ahora, y por eso es también que merece Mario este homenaje. De mi vida con él recuerdo pasos, sitios donde invariablemente caminamos juntos, él como poeta, yo como niña. De su vida conmigo no recuerdo nada, la planeó antes de que yo naciera, la escribió antes. De su estancia en Cuba sé muy poco, sólo que habló de la injusticia y la masacre, sólo que condenó la dictadura con fuerza y sentido común, que tanta falta hace a los poetas. Recuerdo de él y Eliseo Subiela en esa película dulce y terrible que es El Lado Oscuro del Corazón, donde Mario declama sus poemas en alemán, y parece uno más en la historia. Supe que las prostitutas lo guardaban en floreros, que los militares lo usaron como almohadas, que aquellos quienes no gustan leer nada lo pusieron en Youtube con sus nombres y sus imágenes. Su discurso limpio y con retozo nos desentrañaba lo evidente, nos hacía mirar con insistencia los relojes, las alfombras, las tasas de café. Nos hacía mirar con insistencia la vida. Así recuerdo yo a Benedetti, con los ojos abiertos y el corazón como un retrato constante de que la verdad no necesita aspavientos ni diplomas, de que la rutina es perfectamente capaz de parir a lo inaudito, de que el hoy por hoy de la oficina, puede ser también un motivo de descanso, una tregua. Nos hacía mirar, como Sabines, a la muerte de cara y sin tapujos, con la redondez que merece, no como una línea al fondo de un horizonte de otros siglos, cuando el hombre no sabía nada de sí mismo. Me enseñó varias verdades increíbles, pero sobre todo ésta: uno no siempre hace lo que quiere, pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere.
abril 26, 2009
Viaje a la semilla
Por: Liomán Lima Padrón*.
Roncali barría de luz las noches de Guanahacabibes. Mientras, en sus casuchas de madera y tejas todavía contaban que el tesoro era cierto, que estaba perdido por hechizos de piratas en algún lugar cercano al faro y algún día habrían de encontrarlo.
Noches de mi pueblo, noches de mi infancia: las casas eran un país de sombras largas. Como en los tiempos originales del hombre las manos dibujaban, por un instante, animales oscuros en las paredes. Alrededor de un viejo quinqué, hoguera de eternos apagones, nacían historias de botijas enterradas y oro, mitos de proezas y miedo, de barcos hundidos o gritos más allá de los farallones.
Guanahacabibes parecía un pueblo sacado de las leyendas, detenido en el tiempo, como si todavía no se hubieran creado Internet o las guerras, o aún fuera historia futura el pecado de la manzana. Maravilla de pueblos perdidos en medio de la nada. Macondos cotidianos de pocas casas y piedras como huevos prehistóricos.
No nací allí. Había llegado con sólo unos meses. Pero fue entre sus manglares y gente buena, de ésas que en la capital llaman tontos, con leyendas de corsarios y luces nocturnas, de ciervos encantados y sonidos de radares, donde aprendí la lección infalible de crecer.
Los niños éramos entonces una hermandad de piratas armados de piedras y palos que salíamos a desandar las sombras, a buscar mapas envejecidos dentro de botellas o a molestar tortugas en desove. Otras veces, alumbrábamos con linternas hacia las casas o nos uníamos en alaridos desesperados.
Así, al amanecer, cuando las manos callosas comenzaban a tensar las pitas y acariciar las proas de los botes, ya se escuchaban los rumores de los fantasmas de la noche anterior. Y nosotros reíamos y sabíamos que era bueno vivir en un lugar así, donde es todavía posible creer en misterios, como pasos perdidos del hombre, como viajes a su semilla.
Después tuve que regresar a la ciudad de Pinar del Río, llena de olvidos y burlas, donde un día había nacido y de la que nada recordaba. Pero alguna parte de mi vida quedó allá, acompañando al torrero en la soledad de su servicio o escondida, tal vez, junto a los tesoros todavía ocultos.
Quizás algún día deba regresar a buscarlos, como cuando era un muchacho. Volver. Andar otra vez por sus calles de tierra, sobre la cuerda de la memoria. Escarbar entre los recuerdos y los aromas. Asomarme a las ventanas de un pueblo viejo para verme marchar hacia los nuevos senderos de la vida.
abril 24, 2009
Día del Libro
Ayer fue Día Internacional del Libro y los Derechos de Autor y leí unos poemas de la nueva serie que estoy armando: Las sombras en los días. Aquí les dejo par de ellos, para que no me diga Iván que ya no subo poesía al blog. Pronto tendrán un ensayito sobre el lenguaje y si la logro, la anunciada entrevista con Gorki.
“María se bebe las calles”, de Pasión Vega
Ligada con la lengua del barrio,
Arropada en los álamos de hielo
de aquél con quien duerme,
la mujer se abre al día
con una certeza:
la risa es otra sombra
donde hemos visto cal
donde hemos suspendido los espacios
donde fue concebido el absurdo silencio
de la lluvia en mayo.
habría deshecho los números,
habría sido fuego para endulzar la esencia de lo atroz
habría sido un boleto de autobús con rumbo al día siguiente,
y en la noche,
el cansancio de las letras,
almidón de los sonidos que rugen en la radio,
natura en los colores de Pantone,
lo verde en el metódico ornamentaje de los parques,
comprenderían el tino
en el atestado ir y venir de la nada,
en las zanjas de su aldea de luces,
cuya vialidad ha superado la historia,
cuya idónea administración decidió escondernos,
para que ella, y nosotros,
no fuésemos un parche más en el paisaje.
¿Quién quiso entonces derramarse en el oscuro vitral de mi silencio?
¿Qué ápice de gloria infinita he mordido, que ando intoxicada, molida por las noches, tejiendo para mi cuerpo unas calcetas de olor?
Niña de la Casa de Muñecas
Soy nada: no les temo mis demonios
Las decapitaciones que sufro a diario
no me bastan,
Requiero más dolor, como si la angustia de ser perpetrada a la vida
durmiera sobre mis manos
Si alguna vez caigo apresurada comprendan
Los viajes han tejido telarañas de humo en mis palabras
Y si expreso lo que soy nadie podrá creerlo
De ahí los tatuajes de gloria que bordo en mi silueta.
No podría desubicarme en un pueblo pequeño,
ni siquiera en una parte oculta de algún continente
en ciudades de fibra en las que se mira el mar en los carteles
luciérnaga iluminando el huracán
bandoneón en medio del Pacífico
larga cabellera en la armazón de la noche.
mi poesía me ha llevado a volar más alto que los hombres.
abril 06, 2009
Gorki, el imbatible
Me enteré de buena fuente que Gorki Aguila viene a vivir a Xalapa. El personaje más polémico de la escena punk-rock cubana en los últimos tiempos, y me atrevería a decir que uno de los más queridos y odiados entre la intelectualidad y los jóvenes que viven dentro y fuera de la isla, sale para asentarse en una realidad gobernada por otro Fidel, que también es rojo y pide fidelidad absoluta e intransitoria.