Varias constelaciones se unen para que uno nazca, dice Walter Mercado. Y yo le creo, porque muchas veces me gustan los anunciantes que usa durante el horóscopo. Resumiendo, que les dejo los pocos poemas que mi cuerpo de bebé neofeliz matrimoniado pronta a caer en el abismo legal de los deberes conyugales ha escrito desde mi regreso a México.
Cualquier comentario sobre un cambio de estilo o de temática será recibido... mal o bien pero recibido. La democracia literaria está en peligro. Mis queridos amigos, si todo sale bien el próximo jueves abandonaré una categoría legal (single) para entrar a otra (married) y lo pongo en inglés sólo para que suene más chick, chic, chik, chicc? en fin... no para ocultarlo.
Como celebración del evento amenazo con agregar a este blog otra carta, menuda y dinámica como algunas que ya andan por aquí. Quiero dejarle saludos especiales a mi madre, quien sé me lee y aprovecho para declarar cibernéticamente: te amo mamá, mucho.
Aquí van los poemas, nos veremos pronto, saludines.
272
No quiero más esta hoja en blanco sobre la mesa de mis sueños. No quiero más estos acordes repetidos.
La música es una sucesión de supresiones, una larga fila de dolor en los dedos.
La muerte es un número cerrado, infinito. La muerte es el ocho infinito donde yo me acuesto y me levanto.
Y tú, amor mío, eres una hilera de suspensiones coordinadas a la maldad del mundo.
271
Eres la muerte y la música, sobre todo eres el silencio, es decir, mi sombra.
270
Ojalá tuviera suficiente salud para correr el mundo en pos de cura, pero estoy cansada y sólo alcanzo a hundirme en tu hombro, a aceptar con resignación, una y otra vez, el alba.
269
Curioso almacenaje de sombras nítidas
esta, mi esperanza
siempre es un evento festivo despertar en tus ojos.
Y cuando la rubia del carro francés desaparece, ahí mismo la grabación termina. Yo me creo muchas veces protagonista de mis sueños, y muchas más hacedora de fantasmas.
No quiero más esta hoja en blanco sobre la mesa de mis sueños. No quiero más estos acordes repetidos.
La música es una sucesión de supresiones, una larga fila de dolor en los dedos.
La muerte es un número cerrado, infinito. La muerte es el ocho infinito donde yo me acuesto y me levanto.
Y tú, amor mío, eres una hilera de suspensiones coordinadas a la maldad del mundo.
271
Eres la muerte y la música, sobre todo eres el silencio, es decir, mi sombra.
270
Ojalá tuviera suficiente salud para correr el mundo en pos de cura, pero estoy cansada y sólo alcanzo a hundirme en tu hombro, a aceptar con resignación, una y otra vez, el alba.
269
Curioso almacenaje de sombras nítidas
esta, mi esperanza
siempre es un evento festivo despertar en tus ojos.
Y cuando la rubia del carro francés desaparece, ahí mismo la grabación termina. Yo me creo muchas veces protagonista de mis sueños, y muchas más hacedora de fantasmas.
Pero mis miedos son solos, esa malditaautonomía capilar de las mariposas, me recuerda, cada día: he de morir sola con mis miedos enroscados a mi cuello, en un beso rojo y sin noches de tormenta.
268
Sapiencias nocturnas
uno
la luna así rancia y sombría
fabrica mis galletas navideñas
Sí luna, diles quien manda aquí
Recursos estéticos teoréticos metálicos
ético recurso mi andaje hasta ti
isla fantasma
dos
Las estaciones de mi cuerpo
me segmentan de colores
nada me rehabilitará la cigüeña
este llegar al borde de mi nacimiento
próximo paso
planeo deshacer la simpleza de mi cuerpo
a mordidas.
268
No me gusta mi voz cuando se mira al espejo
no me gusta la noche cuando enciende su párpado
le caen esos pétalos
hieden a despedida.
He vuelto de la noche
aún el cántaro de mis huesos está vacío
aún vierto en mí las letras lejanas
aún tu caricia puede amoldarse en una página
aún soy capaz de abrir los ojos sin mirarte
y descubrir en un plato blanco la eternidad
en un recipiente con sal la agonía
Aún no vuelves
y la noche la pongo en mi bolsillo
dobladita cómoda
para que nadie me la muerda
Me limpio grasa de las manos con la noche
no recuerdo la última vez que amaneció.
Escrito en diciembre de 2007 en el estacionamiento del Westland Mall,
en Hialeah, Florida.
267
En el lecho del mediodía
mi corazón herido
ave de rapiña
descansa de su verbo.
265
Ya me voy con mi luz a otra parte. Ya encontré la justa medida entre lujuria y mito, y el tiempo necesario para que una taza de cereal derive en onzas de basura orgánica. Ya no huyo de mí, porque hay un ser que me persigue en los túneles del sueño, para acariciarme las ganas de vivir.
264
¿Chiquito, por qué me engordas las entrañas con besitos escondidos en el fondo de mi lengua? ¿De qué color me pintaste la esperanza que anda esparcida por el cuarto y no la puedo hacer burbuja? Me aturde tu pegajosa manía de vivir, chiquito, esta impetuosa necedad tuya de inventarme cada mañana un nacimiento.
263
Yo no iba a quererte amor mío, yo no iba a hacer música con esta azotea ni esta tarde. Yo no iba a quererte, macho mío, pero la lucubración de mi muerte se ha convertido, por obra y gracia de la luz, en lubricación de mi vientre.
Vamos a morir de esta insoledad compulsiva.
262
Los elementos de la tarde
un anillo
un tipo a graduarse de marido
no quiero controlar el espacio ni el tiempo
el miedo ya no hurga los lavanderos de mis palabras
si me han dejado muda la documentación y la locura
culpo a la respiración,
pun, puas puas, pun pun,
me inunda la sed de tecleo habilitado
en mi alma de poeta inhóspita y borracha
ansiedad y hambre
de los mediodías.
260
La muerte no tiene quien le dibuje letras en su rostro. Y yo no quiero hacerlo, porque la escritura en mí ahora aconseja descanso y parsimonia, esta adultez en mi vientre se adecua a mi lenguaje y me domina la cubierta gris.
Explotará mi neurogenio, como un amasijo de extraños que se aman cuatro o cinco paradas de autobús, o como todos los coquetos movimientos de uno de tus solos de guitarra. Si no fuera el amor, al menos la coquetería salvaría este desmatrimonio.
Nosotros, a semana y media de nacer de nuevo, juntos esta vez y de nuevo legales, nos damos toques de cuerpo para bendecir la utilidad del matrimonio como vía del hombre para ser aún más feliz. Es gracioso cómo se empeñan todos en deslucidar finales trágicos para dos tipos que ya están condenados a separación mortuoria.
En el lecho del mediodía
mi corazón herido
ave de rapiña
descansa de su verbo.
265
Ya me voy con mi luz a otra parte. Ya encontré la justa medida entre lujuria y mito, y el tiempo necesario para que una taza de cereal derive en onzas de basura orgánica. Ya no huyo de mí, porque hay un ser que me persigue en los túneles del sueño, para acariciarme las ganas de vivir.
264
¿Chiquito, por qué me engordas las entrañas con besitos escondidos en el fondo de mi lengua? ¿De qué color me pintaste la esperanza que anda esparcida por el cuarto y no la puedo hacer burbuja? Me aturde tu pegajosa manía de vivir, chiquito, esta impetuosa necedad tuya de inventarme cada mañana un nacimiento.
263
Yo no iba a quererte amor mío, yo no iba a hacer música con esta azotea ni esta tarde. Yo no iba a quererte, macho mío, pero la lucubración de mi muerte se ha convertido, por obra y gracia de la luz, en lubricación de mi vientre.
Vamos a morir de esta insoledad compulsiva.
262
Los elementos de la tarde
un anillo
un tipo a graduarse de marido
no quiero controlar el espacio ni el tiempo
el miedo ya no hurga los lavanderos de mis palabras
si me han dejado muda la documentación y la locura
culpo a la respiración,
pun, puas puas, pun pun,
me inunda la sed de tecleo habilitado
en mi alma de poeta inhóspita y borracha
ansiedad y hambre
de los mediodías.
260
La muerte no tiene quien le dibuje letras en su rostro. Y yo no quiero hacerlo, porque la escritura en mí ahora aconseja descanso y parsimonia, esta adultez en mi vientre se adecua a mi lenguaje y me domina la cubierta gris.
Explotará mi neurogenio, como un amasijo de extraños que se aman cuatro o cinco paradas de autobús, o como todos los coquetos movimientos de uno de tus solos de guitarra. Si no fuera el amor, al menos la coquetería salvaría este desmatrimonio.
Nosotros, a semana y media de nacer de nuevo, juntos esta vez y de nuevo legales, nos damos toques de cuerpo para bendecir la utilidad del matrimonio como vía del hombre para ser aún más feliz. Es gracioso cómo se empeñan todos en deslucidar finales trágicos para dos tipos que ya están condenados a separación mortuoria.