septiembre 14, 2008

Poemas de una joven marxista recién cazada

I

Tal vez en unos años esta nimiedad del tiempo 
se torne dolorosa 
Tal vez el amor sea más estar unidos
y menos de esta muerte diaria
Tal vez el volver signifique
comprar carne o vigilar el vivero
Tal vez los signos vitales confirmen
la otredad como muestra de amor
Tal vez el día a día me enseñe 
a no ser vulnerable 
ser en cambio elegida
tal vez el mañana no devuelva esta suma de olores y sabores
sino fotos en un álbum de papel carne

Hoy mi certeza es una
el humo de la casa de mar
donde posan mis noches
sabe siempre detectar tu cuerpo
y traerlo a mis huesos que descubren aún
todos los misterios 
que arruinarían este contrato. 

II

La cobija para remendar el silencio
el paquete de pañales de los sueños
la libreta en blanco de hojas de servilleta
la cámara fotográfica rota para fijar imágenes en mi mente
el chocolate para entretener mi lengua
la nariz pronunciando un discurso inentendible
la bolsa con mis miedos derritiéndose al sol de agosto
la muerte persiguiendo aún a mi abuela Francisca
los cuentos de niña listos para mi Carolina
los ojos de abuelo más abiertos que el día cuando murió
la lágrima de mamá cociéndose en su párpado
el espeso mediodía alargándose
la puerta de vitrales abierta
el primero de nuestros años aguardando en un acta
la caja con mis poemas allá lejos
donde alguna vez de tantos años
aún te buscaba. 

Trato I

Ella se abandona en la tregua originada por la noche. Dentro de ella todo hace el amor. Pizarnik


No alcanzo a figurarme qué han hecho estos meses con mis dedos. Los viejos poemas caen, como las palabras donde me revuelco como en un ego de arenas movedizas. Las nuevas palabras andan lejos, en la tierra de los galardonados. 
Y tengo apenas la madrugada, mi socorrido azahar donde veo posar libélulas.