Es el amor. Tengo enfermo el cuerpo de sonrisas. Mi oscuridad calla, y mis letras se sueltan a volar, con este ejercicio absurdo de olvidar los acentos y las tildes y el acento de una tilde. Es como si me monopolizara el idioma, o la inhabilidad de mi cuerpo para adaptarse a la abstinencia. No tengo frecuencia continua que me lleve a negar la periodicidad. Los poemas de Oliverio y Alejandra me bajaron la fiebre, me hicieron sudar y ahora me llenaron otra vez la cabeza de letras, esas locas invisibles que tanto me salvan la vida.Los poemas me llevaron hasta Borges, al Amenazado, y hoy Borges y yo nos reconciliamos, uno menos entre mis fantasmas.
Y los poemas me llevaron a mis poemas, a ese estado tan limpio, a un cementerio en Orizaba, es decir, la fiebre saborea mis recuerdos y yo la dejo, porque nadie me mima ni le hace cosquillas a mi tristeza. Soy una mueca que se dobla hasta perderse. Y de esto salieron unos poemas muy nuevos y viejos a la vez, que escribo antes de Borges, platillo fuerte de esta vez en el blog. Espero que los disfruten, Peni.
Llueve dentro de mi sombra Llueve
vida llueve dentro
Y se expone
tibia
la demora.
Las palabras no se ven y sin embargo
su color se arrastra como un barrido de tango
como pasiones de viejos
como una vida que lleva todo el pensamiento
entre las manos.
En cada momento juego a ser lo que no soy
Cuando despierto recuerdo que estoy triste
cuando duermo recuerdo que estoy viva
cuando amo recuerdo fui engañada
cuando no amo no sé
Nunca mis estados transitorios han llegado a tal límite
de fortunio.
El hombre niega la respiración la humedad la ausencia
nunca la periodicidad
Y es en esos ciclos donde por siglos queda atrapada
la especie.
ahora Borges, el ciego.
Es el amor. Tendré que ocultarme o huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. La hermosa
máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. ¿De qué
me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, la vaga
erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para
cantar sus mares y sus espadas, la serena amistad, las galerías de la
Biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven amor de mi
madre, la sombra militar de los muertos, la noche intemporal,
el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la
voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas,
pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la
memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.Ya los ejércitos me cercan las hordas.
(Esta habitación es irreal, ella no la ha visto).
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.