abril 24, 2009

Día del Libro


Ayer fue Día Internacional del Libro y los Derechos de Autor y leí unos poemas de la nueva serie que estoy armando: Las sombras en los días. Aquí les dejo par de ellos, para que no me diga Iván que ya no subo poesía al blog. Pronto tendrán un ensayito sobre el lenguaje y si la logro, la anunciada entrevista con Gorki. 

Salud, patriotas.

María

 María pensó que el amor era un mandamiento de Dios

“María se bebe las calles”, de Pasión Vega

 Dormida en la maleza de los días

Ligada con la lengua del barrio,

Arropada en los álamos de hielo

de aquél con quien duerme,

la mujer se abre al día

con una certeza:

la risa es otra sombra

donde hemos visto cal

donde hemos suspendido los espacios

donde fue concebido el absurdo silencio

de la lluvia en mayo.

 Ella fue cascarón

habría deshecho los números,

habría sido fuego para endulzar la esencia de lo atroz

habría sido un boleto de autobús con rumbo al día siguiente,

y en la noche,

el cansancio de las letras,

almidón de los sonidos que rugen en la radio,

natura en los colores de Pantone,

lo verde en el metódico ornamentaje de los parques,

 y jamás sus piernas abiertas

comprenderían el tino

en el atestado ir y venir de la nada,

en las zanjas de su aldea de luces,

cuya vialidad ha superado la historia,

cuya idónea administración decidió escondernos,

para que ella, y nosotros,

no fuésemos un parche más en el paisaje.


II

¿Quién quiso entonces derramarse en el oscuro vitral de mi silencio?

¿Qué ápice de gloria infinita he mordido, que ando intoxicada, molida por las noches, tejiendo para mi cuerpo unas calcetas de olor?

 

Niña de la Casa de Muñecas

Soy nada: no les temo mis demonios

Las decapitaciones que sufro a diario

no me bastan,

Requiero más dolor, como si la angustia de ser perpetrada a la vida

durmiera sobre mis manos

Si alguna vez caigo apresurada comprendan

Los viajes han tejido telarañas de humo en mis palabras

Y si expreso lo que soy nadie podrá creerlo

De ahí los tatuajes de gloria que bordo en mi silueta.

 Soy nada: y nunca fui más ni menos

No podría desubicarme en un pueblo pequeño,

ni siquiera en una parte oculta de algún continente

en ciudades de fibra en las que se mira el mar en los carteles

 He sido más

luciérnaga iluminando el huracán

bandoneón en medio del Pacífico

larga cabellera en la armazón de la noche.

 He sido más,

mi poesía me ha llevado a volar más alto que los hombres.


Capitana confesa

He cambiado la letra, con ella los contornos. Sucede que hay días, la letra florece o se nubla de golfo y yo no sé para dónde va, o con quién se viene y no sé más de lo que mi letra sabe de sí misma. He cambiado, con ella los números que una vez usé me miran atareados en otras decapitaciones y destierros. Ahora tengo más: dos suegros y dos cuñados, y nuevas sobrinas que me surten de colores y nostalgias. Tendría más, pero una febril neblina descobijó alguna parte terrible de mi infancia. Todos los fantasmas aparcan fuera de mi casa, vigilan día a día cómo intento ser feliz. Ya no sé si cambié mi letra o ella me abandonó pérfida y vengativa, como los pocos amigos que no tuve pero aún figuran en mi lista de teléfonos, o como los poemas que jamás pronunciaré, o como la definición del amor que le di a mi esposo esa tarde de agosto frente a un vitral infinito. Entonces puedo: cambio mi letra en este fácil ejercicio de quitarle adornos y soltarla a la calle, o mejor me atornillo la cabeza y sigo por el día en el tramo del bien luchar.