mayo 23, 2011

Crónicas estatales I

Empiezo a creer que éste es el estado de la repetición, que ésa es su condición esencial. Comer y comer, dormir y dormir, que se me acabe en dos días un rollo de papel sanitario, el dinero para comprar jugo de naranja y las manzanas.

También están los sueños, cada vez más disparatados, más persistentes. Aunque debo confesar que eso me lo gané por anteceder a esta situación con un libro de Doris Lessing en que contaba a detalle un suplicio muy superior y macabro. La novela se llama El Quinto Hijo y, aunque es maravillosa, no la aconsejaría para ninguna etapa previa a la obsesión de las semanas.

Ahora la vida consiste en comer y dormir, leer y escribir, todo mientras caen como gotas en mi cerebro las mismas dos preguntas, ¿se verá, latirá su corazón? Y aún faltan siete largos días con sus siete largas noches.

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