diciembre 16, 2007
No puedo mirar atras
Este video es un fotoclip que he editado hace menos de una semana con fotos de Filio y una de mis rolas favoritas de Extasis, No Puedo Mirar Atras.
Espero que lo disfruten, el mensaje es como que muy personal, pero tanto las fotos como el sonido valen mucho la pena. Espero sus comentarios,
noviembre 28, 2007
Borges, El Amenazado
Es el amor. Tengo enfermo el cuerpo de sonrisas. Mi oscuridad calla, y mis letras se sueltan a volar, con este ejercicio absurdo de olvidar los acentos y las tildes y el acento de una tilde. Es como si me monopolizara el idioma, o la inhabilidad de mi cuerpo para adaptarse a la abstinencia. No tengo frecuencia continua que me lleve a negar la periodicidad. Los poemas de Oliverio y Alejandra me bajaron la fiebre, me hicieron sudar y ahora me llenaron otra vez la cabeza de letras, esas locas invisibles que tanto me salvan la vida.Los poemas me llevaron hasta Borges, al Amenazado, y hoy Borges y yo nos reconciliamos, uno menos entre mis fantasmas.
Y los poemas me llevaron a mis poemas, a ese estado tan limpio, a un cementerio en Orizaba, es decir, la fiebre saborea mis recuerdos y yo la dejo, porque nadie me mima ni le hace cosquillas a mi tristeza. Soy una mueca que se dobla hasta perderse. Y de esto salieron unos poemas muy nuevos y viejos a la vez, que escribo antes de Borges, platillo fuerte de esta vez en el blog. Espero que los disfruten, Peni.
Llueve dentro de mi sombra Llueve
vida llueve dentro
Y se expone
tibia
la demora.
Las palabras no se ven y sin embargo
su color se arrastra como un barrido de tango
como pasiones de viejos
como una vida que lleva todo el pensamiento
entre las manos.
En cada momento juego a ser lo que no soy
Cuando despierto recuerdo que estoy triste
cuando duermo recuerdo que estoy viva
cuando amo recuerdo fui engañada
cuando no amo no sé
Nunca mis estados transitorios han llegado a tal límite
de fortunio.
El hombre niega la respiración la humedad la ausencia
nunca la periodicidad
Y es en esos ciclos donde por siglos queda atrapada
la especie.
ahora Borges, el ciego.
noviembre 23, 2007
Novena carta para Voi

Han pasado nueve meses y siento que muchos más, todos los años de mi vida, no se comparan al dolor de estas horas. Los animales de la ciudad y los espejos caminan cabizbajos, nadie sabe donde han quedado todas las palabras. La primera carta que escribí para Carlos era en verdad un cuento, hablaba de todas las veces que soñé con él cuando lo conocí, de esa manera tan peculiar que tuve de pensarlo, cuando miraba a las esquinas y en todas veía su nombre, en el título de una calle, en un graffiti, en un titular del periódico, en el de un reportero de televisión. Pudiéramos decir que era por su nombre, Carlos, que debe tener como un millón de consumidores en el libro de páginas amarillas, pero yo no veía escrito Carlos, sino Voi, ese apodo que tanto me han preguntado y nunca he sabido que significa. Carlos comenzó a ser Voi por un cuento, porque cuando comía espaguetti quería besarlo, y porque se llamaba Voi y ese nombre solo acurrucaba la estancia, y cambiaba de lugar los muebles, y la luz del anochecer.
En la otra carta les conté, mis queridos amigos, cómo nos conocimos, como nos enamoramos y cuál fue la forma en que nos tuvimos que separar. La esperanza del reencuentro ha variado mucho, por las circunstancias, por el tiempo tan elástico que ajusta y desajusta todo, por la fuerza que a veces es debilidad. Yo muchas veces me pregunto, ¿existe una guía, un manual para mantener viva una relación, para que no la deterioren las ocupaciones, las amistades, los libros, las noches, el cansancio, las palabras que lastiman más de lo que a veces lo hace la distancia? ¿Uno debe luchar, como si el amor fuera un proyecto de escuela, un empleo, algo que debe sembrarse, cultivarse, embellecerse para que luzca hermoso? Creo que toda la teoría sobre el amor es burda, sin sentido y falsa.
Carlos muchas veces entorna los ojos, o los abre, y sé si cometió una falta ortográfica, o se sorprendió agradable o desagradablemente. También sé cuando mira mi pantalla u otra, cuando algo le causa curiosidad, o asco, cuando alguien le harta. Nunca me canso de mirarlo. Nuestras personalidades son tan diferentes, que él puede estarse cayendo de sueño y aún así le pido que se quede, sólo para poder mirarle otra vez el fondo de los ojos. Cuando nos peleamos, ¡cuánto me gustaría tener calma, no pensar en él a toda hora, no sentir esa necesidad de comunicárselo, al menos! No debes llorar enfrente de los hombres, no debes parecer débil, no debes parecer indecisa, no debes parecer ruin. Eso me dicen siempre. Parece que nadie me amaría nunca, porque soy una mujer, aunque me cueste trabajo admitirlo, y mi naturaleza me lleva al hartazgo casi por vía natural.
Ojalá pudiera encerrarme en una cúpula para que saliera de mí una mujer sana. Al menos una mujer cuerda. Me duele mucho que a alguien le duela mi locura, y a la vez, me duele mucho no tener la fuerza para defender lo que soy, sin dañar a los seres que amo. Este no es, como diría Carilda, un papel paciente donde puse a cantar los ovarios; sin embargo, nunca mis manos habían sentido tanto amor como ahora, nunca alguien había sido tan mío como lo es mi esposo. ¿Qué debo hacer para limpiar la distancia, para limpiar el tiempo, para limpiar las heridas que causa un golfo entre dos cuerpos? No lo sé, eso es lo que más me duele. No sé que debo hacer. Y lo peor, ni siquiera sé si estoy negándome, si estoy otra vez siendo sumisa, siendo algo que no soy. No tengo derecho a lastimar, como nadie lo tiene, pero tampoco debo arrastrar mis defectos como si me hicieran un monstruo. Uno debe aprender a llevar sus muecas con las manos, y yo debo lidiar con mi locura. No sé donde ponerla, no sé como acomodarla en un rincón del cuarto para que Carlos y yo podamos reír sin que sienta que mueren dentro de mi estómago todas las mariposas. No sé como mantenerme tranquila, cómo pensar, como levantarme y acostarme con los ojos secos. A estas horas, no sé cómo te enamoraste de mí. Y duele.
Han pasado los meses, y lo más extraño es la certeza de seguirán pasando, y se suceden las noches del restaurante, la cama y mi hermano, las sábanas suaves que nos regalaron hace poco, los libros que me faltan por leer, los poemas de Calendario, las fotografías, mis ganas de aprender a dibujar, las noches, las pizzas, las coca-colas, los abogados, las cuentas bancarias, las conversaciones sobre abogados-cuentasbancarias-delmejorpaisdelmundo, y nada de eso me interesa, sino que Carlos ría con la mirada franca que me une a él de una forma inexplicable.
Carlos Cerdán es un misterio, incluso su dolor es un misterio. Su cuerpo, y su corazón, son un laberinto intrincado que me atrapa, que a la vez me fascina y me asusta. No puedo escapar de esa fascinación. Incluso cuando duele, es un dolor que se incrusta a mis huesos, no corre, porque es pastoso, es denso, único. Carlos Cerdán tiene una personalidad enorme, tiene un corazón hermoso donde caben todos los milagros. Espero, desde el fondo de mi corazón, que al menos Dios me permita abrazarlo otra vez, y la bendición enorme de despertar para ver sus ojos quietos, su respiración tranquila, su cuerpo cálido. Nací para ajustarme a su alma, para verterme en él de una forma completa. Sin miedos, sin rencores, sin excusas, sin lástima. Ojalá esta carta sea el comienzo de algo nuevo, y si no lo fuera, siento que ahora quedo más limpia, porque he sido sincera conmigo a la vez que lo soy con ustedes. Carlos, gracias por dar la misma luz que da la tierra, gracias por hacerme saber que puedo armar tu cuerpo si se me antoja, he bebido tu alma.
Teamo Voi,
Lina
noviembre 08, 2007
Mixture Paper

octubre 30, 2007
Habana Abierta, rock&roll con timba
Peniley Ramirez/ Metropolis
Habana Abierta entre los jóvenes en Cuba es casi una carta de presentación, un símbolo de quién eres y cómo piensas. Para muchos representa un instrumento de identificación de patria, más allá de la política, la raza o la cultura. Estas emociones se convierten en una música cubana que recibe influencias de rock, pop, jazz, soul, música clásica, poesía, pintura, escultura. Resultan en esta banda que ha cruzado las fronteras del público cubano para llenar sus conciertos tanto en Europa como en América y tener seguidores en todo el mundo, aún sin el apoyo de los medios masivos y con la gran competencia de la música pop. Por segunda ocasión en un año, Habana Abierta viene a Miami. Como parte de esta visita a Estados Unidos, Metrópolis se acerca a ellos para cuestionarles acerca de su público, su propuesta musical y el papel de su música al presentarse en esta ciudad, considerada por muchos como la capital de América Latina.
Conocemos que en Europa, como en el gran mercado internacional, la fusión de géneros es una constante y muchas veces uno de los ingredientes del éxito. En Habana Abierta hay mucho de fusión pero también mucho de raíces. ¿Cómo es recibido esto por su público, en especial aquí en Florida? En España, donde residimos, el público hasta ahora ha acogido muy bien nuestra propuesta sobre todo en los directos, porque los medios no suelen promover música de raíz cubana. Allá en la Florida, al igual que en Cuba, a la gente le encanta lo que hacemos.
Para Habana Abierta, ¿es un crecimiento hacer su música fuera de Cuba? ¿Por qué? Para nosotros, hacer nuestra música fuera de Cuba ha significado aferrarnos más a nuestras raíces, y a la vez estar más abiertos a toda la información que nos llega de cualquier parte del mundo.
Un concierto en Miami representa, como han declarado en otras ocasiones, un acercamiento a estos cubanos “de la mejor vida” y un recibimiento cada vez más numeroso. ¿También perciben un seguimiento de su música por resto de los latinos que viven acá? Hemos conocido a mucha gente de diversos países de América Latina, y la recepción que han hecho de nuestro trabajo ha sido muy buena, tenemos mucho en común con ellos.
Muchas de las estrellas musicales latinas residen en Miami y desde aquí lanzan su música a todo el mercado hispanoamericano. En su caso, ¿Qué ha representado hacerlo desde España? Ha sido accidental. Viajamos hace diez años a España porque fue donde radicaban Pável y Gema, los productores del disco Habana Oculta, que fue un preludio de lo que luego sería Habana Abierta. Ellos nos consiguieron un contrato discográfico en España y una invitación para un Festival. Y aquí estamos, no es el mejor país para tener una buena proyección de nuestra música en cuanto a promoción, pero se vive muy bien en él.
Quiero comenzar esta pregunta con una anécdota. Conocí a Habana Abierta en La Habana por un amigo quien supo de ustedes por otro amigo que vive en Canadá. Los volví a escuchar en México donde los consideraban vanguardia en la trova y la fusión cubana. Ahora veo que sus conciertos han sido punto de reencuentro para viejos amigos cubanos recién llegados a Estados Unidos. En todo este enredo de sitios, una y otra vez están ustedes. Mi pregunta es, ¿son concientes de esto, y si lo son, en alguna forma afecta su música? Empezamos a ser conscientes de ello cuando el Ministerio de Cultura cubano nos invitó a viajar a Cuba para hacer un grupo de conciertos en enero del 2003, con todos los gastos pagados. Fue una gran sorpresa porque nunca hemos tenido una actitud nada complaciente hacia el gobierno de nuestro país, cualquiera que escuche las letras de nuestras canciones se dará cuenta. Hicimos varios conciertos individuales en salas de teatro de La Habana, donde antes no hubiéramos soñado tocar. Todas las presentaciones se llenaron de gente que cantaba y escuchaba con total devoción. Terminamos con un concierto en el salón rosado de la Tropical Benny Moré, lugar que en su larga historia sólo había acogido música popular bailable, como timba y salsa. Lo abarrotamos con casi diez mil personas que coreaban las canciones viejas y nuevas, a pesar de que nuestras producciones circulaban de mano en mano en copias caseras, porque nunca hemos editado un disco en Cuba. En Octubre de ese mismo año viajamos a Miami invitados por Nat Chediak, y a otra escala, volvimos a ver el mismo fenómeno, que se repitió en marzo del 2007 en el Miami-Dade County Auditorium. Es muy halagador saber que, por alguna razón, mucha de nuestra gente nos ha escogido para ser la banda sonora de sus días, lo cual nos hace persistir en nuestro trabajo contra viento y marea.
Miami tiene una gran cantidad de población latina. Muchos de ellos han dicho compartir ese sentimiento de exilio, falta de identidad o dualidad. ¿Qué hay de esto en Habana Abierta que pueda servirnos para reconocer en ustedes lo que muchas veces nos falta? Llevamos diez años viviendo fuera de nuestro país, y seguimos llevándolo en el corazón dondequiera que estemos. Creo que mucho de ese sentimiento de exilio y desarraigo está en nuestras canciones, sin tristeza, rabia ni rencor. La alegría como la mejor medicina.
La vida es un divino guión. Hay músicos que inventan la realidad, y nos hacen ver que el rock&roll sabe mejor con timba. A veces uno encuentra las llaves del cuerpo con un solo de saxofón en una esquina del Café Paola, se convierte en la novia de Superman, o sabe que cuando se quiere, el corazón será siempre un Boomerang. Ellos son Habana Abierta, viven en España, cantan, tocan y fusionan. Defienden la cubanía como forma de vida, y la distancia como recurso para aferrar lo que se ama.
Calendario otra vez
Esta hoja en blanco es un animal que vuela
Tus piernas son a veces ese despojo donde
a oscuras
le desprendo al tiempo su savia de poemas.
314
Escribir para llenarse de seres intermitentes
para que alguien sonría en la mesa contigua
para convencer al cuerpo de quedarse en la ciudad
¿Y qué es entonces
el desorden poesía?
312
Qué es un poema cuando mi mano es hierba
un gorrión que calla sus secretos
un fósil envuelto en capas de cristal
Qué es mi mano lejos de tu cuerpo
un trozo apenas, una venganza
para los crédulos de verdades terribles.
311
Jadea la gran ciudad turca
Has llegado a la gran manzana muchacho tibio
aún no caes de tu balanza de mar salado
aún no caes y ya tiembla en ti la noche iluminada
oscura ventanilla para la condensación
de lo que una vez fue vida.
310
Plazo de octubre
La lluvia desciende de nariz a boca
salada como plantas submarinas
Ha de recordarme el tiempo
Soledad como estafa de olores
Unánime deseo de trascendencia
La música dispara mi cuerpo hacia la lluvia
No sé si hay luz y muchas veces no importa
Malos tiempos para los soñadores, señorita,
Humanos tiempos
Y yo sin ganas
y yo vistiéndome para el día de mi muerte.
Donde una vez hubo la duda
hoy es un collage de tus imágenes
II
Encontré un hombre que fue hecho
para que yo le ame.
307
Afuera es movimiento. El circo entre mis cabellos es un algodón de ruido. Lo aplasto con mis manos y lo trago. El espacio es un fantasma insondable, edifica máscaras. Pero no escapo, me maravillo.
II
Tu falta juega a ser lluvia dentro de mi vientre. Hoy he descubierto: un higo crece en mis venas. Lavo mi cuerpo con el ácido que baja del cielo. Saco la lengua para que le zafe de su sabor ambiguo, pero es necia la lluvia, se niega al soborno.
III
Nada es grave, ni siquiera mi muerte. No cae mi miedo, ni los milagros que guardo en el colchón. Nada cae, ni siquiera tu ausencia. Oculto mi silencio para que nadie se atreva a llenarlo de colores. Y hablo para decir nada. He aquí mi modesto luto, única confirmación de que aún te espero.
306
(la otra orilla huele a patria)
Mi locura sella la luz
la rendija entre las cortinas recuerda
un siglo cuando dormí en tus venas
Miro el océano y es África al otro lado
entera con su fertilidad indomesticable
Abajo la escarbada de montañas
en medio una gran bolsa de olas el farol
y en el extremo izquierdo
el beso cuando dije te quiero
y aguzaste las venas para hacerme espacio dentro
Escucho el saxo y cierro los ojos
para recordar versos que no he escrito.
305
Huyo de este mar de adjetivos inertes
Seré libre de metáforas
y escribiré lo que quiero sin que deba llamarse poesía
ni moriré en Nueva York como héroe
de la enredadera más iluminada del mundo
(Tengo un águila por marido
en cualquier instante vendrá a morderme)
porque he sido bendecida con la humedad
y lo sé porque soy capaz de aún desde la nada
construir mil veces tu cuerpo.
304
amarra mi cuerpo a una bolsa de aire
Yo no sé donde es la música.
II
Yo no sé cual de mis venas es el abandono
Mi nacimiento es una cuerda alargada veinte años
III
en mis venas como un nudo de planes
Hombre misterio he olvidado tu cuerpo
esa frágil línea que bordea mi deseo
los días son manos que tiemblan
Hombre coral te conviertes en sombra
IV
No logro desasir mi muerte
¿Qué has hecho cobarde
por qué tuviste que tragarla?
V
en el patio de mi casa
Y yo vivo sola
sola en la cima del mundo donde caigo.
303
302
me ha visto morder el aire
sabe de la sangre que ríe fuera de mí
existe para que yo pesque los inviernos
Octubre cuelga el silencio de mis labios
se desliza sordo por mi cuerpo
octubre de ruidos oblicuos
octubre disfrazado de viuda
te sabe tatuado en mis manos
te huele en las raíces de mi sombra
Octubre no te ha visto pero acierta
mientras no vuelvas
aunque escriba todos los atardeceres del mundo
y su aliento revele qué es una gota de agua
yo desearé siempre
la primavera.
octubre 01, 2007
Alejandra

septiembre 24, 2007
Carta para Voi

Esta vez haré algo que es inusual en mí. Siempre he sido amante de las cartas de amor, incluso puedo enorgullecerme de haber conquistado uno o dos tipos por mis improvisadas metáforas en secundaria, o mi a veces loca visión de la vida, plasmada en cartas intimísimas de las que tengo pocos recuerdos. Una vez, en bachillerato, hice una muy original, porque era un cartel enorme con un borde rojo, y en el borde escribí muchas frases cariñosas. Lo coloque en el pizarrón de la escuela, muerta de pena de que alguien me leyera. Pero era tan complicado estar mucho tiempo con la cabeza volteada tratando de seguir mi manuscrita que optaron por decir ¡qué chido! y largarse.
Esta vez es distinto. Esta vez Carlos existe, es palpable (lo sé aunque no le toque) esta vez Carlos existe y merece que les diga a todos ustedes amigos, que él nació para que yo le ame, o que, tal vez, yo nací para maravillarme con la forma en que toma un cigarro entre los dedos, o como frunce el ceño cuando discute y cree que tiene la razón.
Mi amiga se apareció en la cafetería y estuvimos juntas muchas horas. Ella lo llamó, ella tomó su teléfono, marcó su número y por alguna extraña razón el corazón comenzó a latirme con fuerza.
Yo sólo lo había visto dos veces. Lo más que recordaba de él eran sus ojos fijos, que me cortaron la voluntad aquellas dos veces cuando fue a mi escuela y me miró. Ella lo llamó, concertamos la entrevista y me fui a casa con un salto en el pecho. Si alguien pudiera hacer un recuento de lo mejor de su vida, o de cómo comienza lo mejor de su vida de la forma más banal, fue cuando conocí a Carlos. Quién sospecharía que aquel muchacho alto, que caminaba tan lento y parecía siempre cansado, sería este montón de letras que me alimentan la vida. Quién iba a sospechar que comenzaríamos a hablar de los tratamientos para el cabello, las bandas locales de rock, la mala técnica periodística, y después caminaríamos hasta el periódico donde me había emocionado tantas veces con algo de que verdad me llenaba, y que ahí nos miraríamos un segundo, y yo me sentiría cohibida por un hombre.
No necesito explicar mucho esto a las personas que me conocen. Sin embargo, muchas veces después le di vueltas al asunto. Soñé con el todas las noches siguientes durante un mes. Me tomaba de la mano, estábamos en la Habana, hacíamos el amor.
Cuando lo vi de nuevo pensé que toda mi adolescencia estaba viniendo de un golpe. Nunca, ni siquiera cuando no sabía nada de conquista masculina, me había empequeñecido tanto que alguien me mirara, que se fijara en mí y para colmo de maravilla viniera a hablarme, se sentara conmigo.
Tuvo que darse cuenta. Con una excusa muy barata le di mi número de teléfono, y por arte de magia en unos días olvidé pedir un dato y estuve forzada a llamarlo. Le dije: soy Peniley Ramírez, la alumna de tu papá. Respondió: hola Peni, claro que me acuerdo, ¿cómo estás?
Usaré una frase de Amelié, que queda bien porque Carlos es mi Nino. Sólo el descubridor de la tumba de Tuntankamón sabe como me sentí cuando él dijo que recordaba mi nombre.
Después vino la noche mágica, el recuerdos más hermoso de todo el continente americano. Salí de la cafetería a las dos de la mañana, después de atender al ultimo cliente y limpiar todo el lugar. Caminé las seis cuadras en silencio, escuchando Café Paola, de Habana Abierta. Me gustaba mucho el intro de piano y el solo de saxo, me gusta mucho el saxo, un saxo en una noche tranquila, en una calle consumida por la niebla no puede ser sino buen augurio.
Llegué a la casa sin sueño. Me bañé con la luz apagada, cosa rara porque en esos días le tenía un poco de miedo a la oscuridad. Ese hombre lleva medio siglo en la soledad de aquella mesa, ya casi es media noche. ¡Qué bien poder meterte en un rincón del tiempo! Y Habana Abierta y el saxo y la luz apagada y yo con uno de esos presentimientos de que algo grande iba a ocurrir. Estuve sentada un rato escribiendo, recuerdo que leí un poco y traté de arreglar el mundo con un amigo de otra ciudad.
A las cuatro y media sonó mi celular. Un mensaje que al principio no entendí. Se disculpaba mucho por la hora, y decía que si quería ir al aniversario de su banda. Ni siquiera lo pensé. Descolgué el teléfono, apreté las teclas y allí salió su voz, cortada por la pena, y la mía que era un hilito, y así nos dimos cuenta de que nos pensábamos. Le dije que me iba, que no se ilusionara conmigo. Quiero vivirlo, dijo, quizá no habrá después algo mejor en mi vida. Cuatro horas después confesó que moría de ganas de verme. Yo estaba embelezada con el sueño de las ocho de la mañana, después de toda la madrugada de saxo y teléfono y la sorpresa que aún no me dejaba en paz.
Nos besamos en la tercera vez. Me llevó al mar y me amarró por la cintura con sus brazos. Dijo que pelearíamos a los ochenta años. Dos meses después hicimos el amor. Dios existe. Una noche le dije que deberíamos terminar. Me pidió matrimonio. Otra noche le dije que lo extraño mucho. Dijo que vendrá a llevarme a París.
Y yo sólo escucho café Paola y se me enciende el rostro y se me humedece la entrepierna y Dios existe otra vez. Escribo ahora poemas de amor. Tengo un fondo de pantalla con una foto nuestra. Le dedico mis páginas, mis contraseñas, mis pensamientos y mis palabras, las lecturas de mis poemas y mis libros. Le dedico mis gastos mensuales y mis ahorros y mis deseos de anonimato y mis lágrimas y todos mis instintos sexuales reprimidos por la distancia.
He de desdoblarme una vez amor mío para que sepas que te pertenezco
He de desenvolverme de mi cuerpo y de mis letras para que me veas desnuda
y la humedad de mi piel diga las palabras que mis dedos no alcanzan a pronunciar
He de pertenecerte para dejar de ser esta bestia hurgando la inanimidad
este recorte de persona que hoy existe porque tú le amas.
Quiero agradecerles a todos, amigos míos, por leernos y sabernos tantas veces felices y tristes y juntos. Y a ti, Carlos, gracias por creer que un solo de saxo puede convertirse en una niña hermosa que se llame Carolina y sea hija nuestra, y gracias por hacerme creer en los milagros y en la vida. Felices siete meses, amor mío.
Te ama,
Lina de Voi.

