marzo 19, 2008

La vida vista por un niño de dos años (Idea)


He despertado a golpe de viento y agua. Anoche, al dormir, dijiste te amo tantas veces que no pude evitar sentir tu aliento etílico. Esta mañana, cuando te dije que quería despertar, porque un sueño de una mujer pariendo adolorida me empujaba a abrir los ojos, esa pequeña sonrisa ojerosa me confirmó mis sospechas.


Tu amor de hoy me limitaría el paseo por la tierra morena donde acostumbraste mis pasos cortos. Y luego el sol coqueto que se quejaba del viento, y el viento dominaba todos nuestros planes del día.


Me gusta haber nacido en este Puerto, papá, me gusta que me ames más cuando flotan en tu cuerpo esas botellas grandes de cerveza con nombre de animal marino.


Después, abuela despeinada y ajustándose los dientes ante el espejo, o mi tío, que invariablemente duerme con una pierna por delante y la otra doblada. Abuelito siempre tiene cara de tierno, esté dormido o despierto. Lo malo es que cuando duerme no le brillan los ojitos.


Hoy en la tarde quiero que me lleves a las nieves, papá, pero seguro dices que no porque he tenido mucha tos en estos días. Por lo pronto, mientras te siga el olor, tengo tres horas enteras para darse besitos en la cara sin que protestes y me quites.


Mejor me apuro a besarte, no sea que el viento abra la puerta y en tu afán de salvarme la vida me quede sin mi ración de besitos mañaneros.

febrero 26, 2008

Vigilia


La diminuta presencia de la madrugada
toma por sorpresa la angosta tierra
de mis párpados

la presencia se aclara la garganta
me sacude
hasta ponerme en el cuerpo
la vigila

entonces veo

¡son poros abiertos!
parecen sendero de espejos
camino de letras

La luz agranda estos inmensos agujeros
brazos piernas
hombros de hoyos abiertos

la vigilia comienza en la dureza de la luz
en la pureza de estos agujeros tan locuaces

la isla
ajena a mis matutinos nacimientos diarios
se limita a acariciarme el hombro
darme un beso
y voltearse bostezando
al otro lado.

febrero 03, 2008

(Sin asunto)


Post simple. No tengo ganas de literatura. Quiero publicar en internet que estoy triste.

Internet, escucha: estoy triste. Paso previo a la calma, triste muy triste. Y nadie puede cambiar eso.

Oh si mis viajes, saben? he viajado mucho.
Hacia dentro de mi, horas enteras, siglos enteros.



Poema

Para Dal


Este es el punto
mi reloj cambia de domingo a lunes.

(Como se mueve despacito hay un hueco negro.)
Justo ahora no hay fecha.

Es decir, estoy muerta.
El tiempo ha dejado de existir.

No me gusta esta muerte, tiene secciones.
Ese ruidito tin tan tun tin tan
y casi se acaba el hueco negro.

No quiero nacer al lunes.
Reconozco: el hueco era una farsa.

Estaba bien la muerte
pero faltaba el silencio.




PD: hoy supe que en Cuba la gente aprende de memoria nombres para cada número de la lotería, del uno al cien, para saber que números jugar cuando tienen sueños o visiones. Mi número favorito es el ocho, y resulta que en la charada es la muerte. No supe si sentirme triste o sabia.

enero 28, 2008

Lina al borde de un ataque de nervios




Las cortinas de la casa están entrecerradas. Afuera el lago. A veces veo anuncios de cocodrilos en la tele, las cierro a pesar de la luz. La luna a esta hora debe comer todas las ondulaciones del agua. Adentro la música, el reloj que marca segundo a segundo estos segundos, este temblor.

La música de Tiersen, verano del 78. La música y las teclas parpadean, una, otra, como unas bailarinas caen dentro del teclado, como unas gotas mojan la pantalla y queda este dibujo de agua en forma de un compás desordenado, un poema sin nombre, un silencio sucio.

La música y las palabras se eluden, se desvían de su sitio original. Estoy hambrienta, me sudan mucho los pies. Las manos ya no saben hacia dónde temblar, pero no encuentro palabras para convencerlas de que se calmen.

El teléfono vibra, siempre yo con las mismas palabras.
- No sé que me sucede, aunque estoy mejor.
Cuelgo.

La conexión va y viene. Tiemblo, me sudan las axilas. Si mi hermano viene a saludarme el contacto con mi piel le da choques eléctricos. Ahora es el Vals de Amelie, me molesta.

Él dice que amará todas mis yos, teme que vuelva y sea otra. Pienso en cuanto he cambiado. Antes usaba esos calzones enormes, por nada del mundo me pintaría las uñas de negro ni elegiría un cigarro para relajarme después de largas horas en mi empleo.

Perdón, antes no había empleo, tampoco dinero para uñas ni calzones, ni cámara para fotografiar las injusticias, ni guitarra eléctrica, ni acústica. Antes era sólo yo con los pocos libros que me había robado de alguna biblioteca, con mis lagrimones patrióticos, con mi útero ahuecado cuando me extrajeron el cáncer.

Ya terminó el Vals, vuelve a sorprenderme Tiersen. Hoy es 28, y casi termina. No entiendo por qué no dejan de temblarme las manos, tampoco por qué abandono la prescripción médica: dormir mucho y comer una dieta balanceada. Hoy no me he bañado, me sudan las palmas de las manos.

No sé por que nunca caen gotas de sudor de otras partes de mi cuerpo, sólo cuando hacemos el amor. Recuerdo una vez que abrí la boca justo cuando de su nariz se desprendía una bolita liquida. Me tragué la gota.

Mi amigo dice que él debería cortársela y mandármela por correo postal. Así me curaría la abstinencia. Yo sería feliz, dejaría de temblar y de cerrar las cortinas e ignorar la noche. Creo que no comprende, necesito las gotas. El correo postal no resuelve eso, tampoco el correo electrónico.

Pepe se quejará de que use estas palabras tan modernas, electrónico, postal. Siempre se queja de eso. Tantos días sin sentarme en esta hoja en blanco. Se me depositan tanto en el estómago las palabras, por eso me baja la regla, es el peso de las palabras que no pongo en papel. ¿Cuál papel si todo es una subsecuencia ordenada de numeritos uno y cero?

Ya sé Pepe, el código binario no tiene coordinación poética, y quizás mi profesor de composición inglesa opine lo mismo, o algunos de los clientes asiduos del blog, los compañeros de trabajo de mi madre.

Durante muchas noches ya no soñaba nada, hasta este sábado. Se me cayeron los platos de las manos, vi como muy despacito la copita caía, hasta despedazarse contra el suelo. Ahí la dejé, y fui a decirle a mis jefes que quería irme a casa.

Toda la noche soñé que estaba en un barco, también en un baile con gallos. Una señora negra con muchos granos en la cara me dijo que si viajaría. Te irás, dijo, y disfrútalo porque morirás pronto.

Sandra dijo hace unos días que mi corazón está allá, lejos, y que me iría. Todos dicen que me iré, y yo no encuentro fe en ningún punto de la casa. Mis manos tiemblan y es como si en cada temblor mi fe se desprendiera, como en cada gota de sudor me desprendo de mí, me caigo.

No sé como doblarme despacito y guardarme en un cajón, junto a las sábanas que usamos este invierno. No sé como ignorar la luz de la luna, calmarme, hasta quedar así, helada, consumida en este silencioso letargo, en esta disputa que me susurra calma, calma, el viaje ya comienza, no tendrás que sufrir más.

Cierro los ojos y ya no sudo. Mi cuerpo está helado, hiede. Pronto despertarán todos en casa, no quiero pensar en los gritos de mi madre cuando me encuentren aquí, mejor abro las cortinas, los cocodrilos no pueden hacer mucho, bien dijo la negra que moriría muy pronto.

diciembre 16, 2007

No puedo mirar atras



Este video es un fotoclip que he editado hace menos de una semana con fotos de Filio y una de mis rolas favoritas de Extasis, No Puedo Mirar Atras.

Espero que lo disfruten, el mensaje es como que muy personal, pero tanto las fotos como el sonido valen mucho la pena. Espero sus comentarios,

noviembre 28, 2007

Borges, El Amenazado

Es el amor. Tengo enfermo el cuerpo de sonrisas. Mi oscuridad calla, y mis letras se sueltan a volar, con este ejercicio absurdo de olvidar los acentos y las tildes y el acento de una tilde. Es como si me monopolizara el idioma, o la inhabilidad de mi cuerpo para adaptarse a la abstinencia. No tengo frecuencia continua que me lleve a negar la periodicidad. Los poemas de Oliverio y Alejandra me bajaron la fiebre, me hicieron sudar y ahora me llenaron otra vez la cabeza de letras, esas locas invisibles que tanto me salvan la vida.
Los poemas me llevaron hasta Borges, al Amenazado, y hoy Borges y yo nos reconciliamos, uno menos entre mis fantasmas.
Y los poemas me llevaron a mis poemas, a ese estado tan limpio, a un cementerio en Orizaba, es decir, la fiebre saborea mis recuerdos y yo la dejo, porque nadie me mima ni le hace cosquillas a mi tristeza. Soy una mueca que se dobla hasta perderse. Y de esto salieron unos poemas muy nuevos y viejos a la vez, que escribo antes de Borges, platillo fuerte de esta vez en el blog. Espero que los disfruten, Peni.




Llueve dentro de mi sombra Llueve
vida llueve dentro
Y se expone
tibia
la demora.




Las palabras no se ven y sin embargo
su color se arrastra como un barrido de tango
como pasiones de viejos
como una vida que lleva todo el pensamiento
entre las manos.




En cada momento juego a ser lo que no soy
Cuando despierto recuerdo que estoy triste
cuando duermo recuerdo que estoy viva
cuando amo recuerdo fui engañada
cuando no amo no sé

Nunca mis estados transitorios han llegado a tal límite
de fortunio.




El hombre niega la respiración la humedad la ausencia
nunca la periodicidad
Y es en esos ciclos donde por siglos queda atrapada
la especie.





ahora Borges, el ciego.






Es el amor. Tendré que ocultarme o huir.

Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. La hermosa

máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. ¿De qué

me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, la vaga

erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para

cantar sus mares y sus espadas, la serena amistad, las galerías de la

Biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven amor de mi

madre, la sombra militar de los muertos, la noche intemporal,

el sabor del sueño?


Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.

Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la

voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas,

pero la sombra no ha traído la paz.

Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la

memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.

Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.

Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.Ya los ejércitos me cercan las hordas.

(Esta habitación es irreal, ella no la ha visto).

El nombre de una mujer me delata.

Me duele una mujer en todo el cuerpo.

noviembre 23, 2007

Novena carta para Voi



Han pasado nueve meses y siento que muchos más, todos los años de mi vida, no se comparan al dolor de estas horas. Los animales de la ciudad y los espejos caminan cabizbajos, nadie sabe donde han quedado todas las palabras. La primera carta que escribí para Carlos era en verdad un cuento, hablaba de todas las veces que soñé con él cuando lo conocí, de esa manera tan peculiar que tuve de pensarlo, cuando miraba a las esquinas y en todas veía su nombre, en el título de una calle, en un graffiti, en un titular del periódico, en el de un reportero de televisión. Pudiéramos decir que era por su nombre, Carlos, que debe tener como un millón de consumidores en el libro de páginas amarillas, pero yo no veía escrito Carlos, sino Voi, ese apodo que tanto me han preguntado y nunca he sabido que significa. Carlos comenzó a ser Voi por un cuento, porque cuando comía espaguetti quería besarlo, y porque se llamaba Voi y ese nombre solo acurrucaba la estancia, y cambiaba de lugar los muebles, y la luz del anochecer.


En la otra carta les conté, mis queridos amigos, cómo nos conocimos, como nos enamoramos y cuál fue la forma en que nos tuvimos que separar. La esperanza del reencuentro ha variado mucho, por las circunstancias, por el tiempo tan elástico que ajusta y desajusta todo, por la fuerza que a veces es debilidad. Yo muchas veces me pregunto, ¿existe una guía, un manual para mantener viva una relación, para que no la deterioren las ocupaciones, las amistades, los libros, las noches, el cansancio, las palabras que lastiman más de lo que a veces lo hace la distancia? ¿Uno debe luchar, como si el amor fuera un proyecto de escuela, un empleo, algo que debe sembrarse, cultivarse, embellecerse para que luzca hermoso? Creo que toda la teoría sobre el amor es burda, sin sentido y falsa.


Carlos muchas veces entorna los ojos, o los abre, y sé si cometió una falta ortográfica, o se sorprendió agradable o desagradablemente. También sé cuando mira mi pantalla u otra, cuando algo le causa curiosidad, o asco, cuando alguien le harta. Nunca me canso de mirarlo. Nuestras personalidades son tan diferentes, que él puede estarse cayendo de sueño y aún así le pido que se quede, sólo para poder mirarle otra vez el fondo de los ojos. Cuando nos peleamos, ¡cuánto me gustaría tener calma, no pensar en él a toda hora, no sentir esa necesidad de comunicárselo, al menos! No debes llorar enfrente de los hombres, no debes parecer débil, no debes parecer indecisa, no debes parecer ruin. Eso me dicen siempre. Parece que nadie me amaría nunca, porque soy una mujer, aunque me cueste trabajo admitirlo, y mi naturaleza me lleva al hartazgo casi por vía natural.

Ojalá pudiera encerrarme en una cúpula para que saliera de mí una mujer sana. Al menos una mujer cuerda. Me duele mucho que a alguien le duela mi locura, y a la vez, me duele mucho no tener la fuerza para defender lo que soy, sin dañar a los seres que amo. Este no es, como diría Carilda, un papel paciente donde puse a cantar los ovarios; sin embargo, nunca mis manos habían sentido tanto amor como ahora, nunca alguien había sido tan mío como lo es mi esposo. ¿Qué debo hacer para limpiar la distancia, para limpiar el tiempo, para limpiar las heridas que causa un golfo entre dos cuerpos? No lo sé, eso es lo que más me duele. No sé que debo hacer. Y lo peor, ni siquiera sé si estoy negándome, si estoy otra vez siendo sumisa, siendo algo que no soy. No tengo derecho a lastimar, como nadie lo tiene, pero tampoco debo arrastrar mis defectos como si me hicieran un monstruo. Uno debe aprender a llevar sus muecas con las manos, y yo debo lidiar con mi locura. No sé donde ponerla, no sé como acomodarla en un rincón del cuarto para que Carlos y yo podamos reír sin que sienta que mueren dentro de mi estómago todas las mariposas. No sé como mantenerme tranquila, cómo pensar, como levantarme y acostarme con los ojos secos. A estas horas, no sé cómo te enamoraste de mí. Y duele.


Han pasado los meses, y lo más extraño es la certeza de seguirán pasando, y se suceden las noches del restaurante, la cama y mi hermano, las sábanas suaves que nos regalaron hace poco, los libros que me faltan por leer, los poemas de Calendario, las fotografías, mis ganas de aprender a dibujar, las noches, las pizzas, las coca-colas, los abogados, las cuentas bancarias, las conversaciones sobre abogados-cuentasbancarias-delmejorpaisdelmundo, y nada de eso me interesa, sino que Carlos ría con la mirada franca que me une a él de una forma inexplicable.


Carlos Cerdán es un misterio, incluso su dolor es un misterio. Su cuerpo, y su corazón, son un laberinto intrincado que me atrapa, que a la vez me fascina y me asusta. No puedo escapar de esa fascinación. Incluso cuando duele, es un dolor que se incrusta a mis huesos, no corre, porque es pastoso, es denso, único. Carlos Cerdán tiene una personalidad enorme, tiene un corazón hermoso donde caben todos los milagros. Espero, desde el fondo de mi corazón, que al menos Dios me permita abrazarlo otra vez, y la bendición enorme de despertar para ver sus ojos quietos, su respiración tranquila, su cuerpo cálido. Nací para ajustarme a su alma, para verterme en él de una forma completa. Sin miedos, sin rencores, sin excusas, sin lástima. Ojalá esta carta sea el comienzo de algo nuevo, y si no lo fuera, siento que ahora quedo más limpia, porque he sido sincera conmigo a la vez que lo soy con ustedes. Carlos, gracias por dar la misma luz que da la tierra, gracias por hacerme saber que puedo armar tu cuerpo si se me antoja, he bebido tu alma.


Teamo Voi,


Lina

noviembre 08, 2007

Mixture Paper


Sé que la ciudad tiene la derecha pegada a las aceras como mantequilla de maní. El chino tiene razón, no tiene sentido sacar a pasear al perro. La mayoría de las mujeres tienen el trasero bien instalado en el asiento delantero de su auto, así que la esperanza de la conquista se reduce a las horas de recoger los cheques, el Internet o las colas del banco. Los niños se duermen con la amenaza: si te portas mal descarrilo el auto en el lago que pasa junto a la carretera. ¿Y las mariposas? ¿Y la temperatura? Es fácil. A la hora de vestirme saco la mano por la ventana de mi cuarto y sé entonces si hay frío o calor afuera, aunque también es fácil verlo en el noticiero de las cinco y media. Las mariposas tienen una estación de luto, sólo se ven en casos desesperados. Las mariposas son polvo, los autobuses son automáticos y la temperatura es cibernética. Lindo. Por supuesto, a veces también hay frío, pero no tanto como para impedirme orinar en los estacionamientos, claro, sin que falten los anuncios de McDonald’s y las cervezas de importación. Y a todo esto da igual amar el movimiento de un auto a las dos de la mañana en LeJeune Road o en el caminito de curvas a Puente Moreno. O no da igual, y por eso duele tanto mirar el celular en la mañana y descontar los días, uno a uno, como migajas de una mandarina que se pudre en el fondo del saco. Las avenidas son anchas, uno respira y el aliento se despliega, uno abre el diafragma y en la foto caben tanto un Honda como un Lamborgini. A veces pienso que mi alma es un barrido de tango, una canción que Gardel no alcanzó a componer. Ayer supe cuando cubrí mi vida de píxeles. Moví toda la imagen, deshice toda la teoría fotográfica, yo no quería nada en esa imagen, más que el color o los colores, y sin embargo, ahí estaba su guitarra, inerme, insustituible. Por eso supe una vez que ese hombre era un brujo, que el misterio me atraía porque podía convertir esta ciudad en una izquierda potente, militante incluso. Yo quiero jugar a la Rayuela, pero alguien me robó el número, y no encuentro combinación que me convenza. ¿Qué soy? Bruja, Maga de nuevo, chiquita, corazón coraza? ¿Alguien más notará que esta ciudad se hunde? ¿Alguien sabrá que nació para que la hundiera el rencor, que se acumula con todas las despedidas y las llegadas de los vuelos y las balsas y los caminantes y los autobuses fronterizos? ¿Quién respira en una ciudad fundada sobre el odio de otras muchas, esas amantes irreparablemente orgullosas, que reciben pero no reclaman de regreso a quienes huyeron buscándose, para perderse ahora entre las avenidas anchas? No tiene caso sacar a pasear al perro, y las mariposas, quizás indiquen, de una forma extraña, la temperatura.