septiembre 14, 2008

Poemas de una joven marxista recién cazada

I

Tal vez en unos años esta nimiedad del tiempo 
se torne dolorosa 
Tal vez el amor sea más estar unidos
y menos de esta muerte diaria
Tal vez el volver signifique
comprar carne o vigilar el vivero
Tal vez los signos vitales confirmen
la otredad como muestra de amor
Tal vez el día a día me enseñe 
a no ser vulnerable 
ser en cambio elegida
tal vez el mañana no devuelva esta suma de olores y sabores
sino fotos en un álbum de papel carne

Hoy mi certeza es una
el humo de la casa de mar
donde posan mis noches
sabe siempre detectar tu cuerpo
y traerlo a mis huesos que descubren aún
todos los misterios 
que arruinarían este contrato. 

II

La cobija para remendar el silencio
el paquete de pañales de los sueños
la libreta en blanco de hojas de servilleta
la cámara fotográfica rota para fijar imágenes en mi mente
el chocolate para entretener mi lengua
la nariz pronunciando un discurso inentendible
la bolsa con mis miedos derritiéndose al sol de agosto
la muerte persiguiendo aún a mi abuela Francisca
los cuentos de niña listos para mi Carolina
los ojos de abuelo más abiertos que el día cuando murió
la lágrima de mamá cociéndose en su párpado
el espeso mediodía alargándose
la puerta de vitrales abierta
el primero de nuestros años aguardando en un acta
la caja con mis poemas allá lejos
donde alguna vez de tantos años
aún te buscaba. 

Trato I

Ella se abandona en la tregua originada por la noche. Dentro de ella todo hace el amor. Pizarnik


No alcanzo a figurarme qué han hecho estos meses con mis dedos. Los viejos poemas caen, como las palabras donde me revuelco como en un ego de arenas movedizas. Las nuevas palabras andan lejos, en la tierra de los galardonados. 
Y tengo apenas la madrugada, mi socorrido azahar donde veo posar libélulas. 


julio 02, 2008

La vuelta al mundo con Prensa Latina



Entrevista con Jorge Timossi,
el Felipito de Mafalda.


Peniley Ramírez

Conocí a Timossi por casualidad, una tarde en que no quería entrar a clase de Gramática en la Facultad de Periodismo de La Habana. Mis amigos iban a una conferencia sobre Rodolfo Walsh, periodista argentino asesinado en 1977. Me uní a ellos para matar el tiempo. Cuando llegamos noté que el ponente era argentino y que su cara era muy curiosa, extrañamente conocida.
La conferencia fue muy buena, tomé nota casi por instinto y descubrí que Jorge, como le llamaban sus compañeros, en verdad no había vivido la dictadura porque estuvo en Cuba casi desde el inicio de la Revolución. Contó, sin embargo, acerca de sus inicios como químico y de unas reuniones bohemias a las que asistía en Buenos Aires, donde conoció a Juan Gelman y a Joaquín Lavado (Quino).
Creo que por eso me interesé en Timossi, esa semana descubrí que él era Felipito. Una entrevista que le habían hecho en Bogotá revelaba: no supo que era el amigo de Mafalda hasta años después, cuando la caricatura tuvo éxito mundial. En ese momento le pidió a Quino que confesara y éste lo hizo, con un poco de risa y pena.
Unas semanas después fui a otra conferencia de Timossi, esta vez autobiográfica. Obtuve muchos datos, pero aún con ellos fue difícil tener valor para pedirle que me dejara entrevistarlo. Lo hice a finales de noviembre, una mañana en que llovía mucho en el Vedado, una zona de La Habana con grandes casas de principios del siglo XX.
Me presenté en su oficina y dije mi nombre, que venía de la Facultad y que necesitaba hablar con él. Iba yo con pantalón de mezclilla y una camisa a cuadros enorme que me hacía ver como una niña tímida. Además, mi cabello empapado no ayudaba a mi aspecto. Cuando la secretaria me dijo que pasara tuve más vergüenza por mi facha que “timidez periodística”. Aceptó casi sin mirarme y sólo objetó que no quería que lo grabara, tendría que anotar todo. Acordamos la entrevista para el 6 de diciembre de 2005 a las diez de la mañana.
Tenía poco más de una semana para prepararme. Fui directamente a la escuela, busqué sus datos en Internet y supe que era fundador de la Agencia de Noticias Prensa Latina (PL), amigo personal de Alejo Carpentier, vicepresidente del Instituto Cubano del Libro y Presidente de la Agencia Literaria Latinoamericana. Otro dato muy relevante: cuando ocurrió el golpe militar en Santiago de Chile en 1973, Timossi fungía como director de la oficina de PL, a petición del propio Salvador Allende.
En esos días casi no salí de mi cuarto. Leí 21 libros suyos, de 23 que había publicado en toda su carrera como periodista, narrador y poeta. La noche antes de ir a verle, cuando hice un listado de posibles preguntas, noté que ya tenía información suficiente para escribir una entrevista larga sin muchas complicaciones. El reto era entonces tratar de que me dijera lo que no había escrito ni dicho antes a otro reportero.
Fue muy difícil, al día siguiente sólo pude hablar con él poco más de una hora, aunque lo recuerdo como el primer trabajo importante que he escrito desde que comencé a estudiar. En su oficina había muchos retratos pegados a la pared, un libro de Ignacio Ramonet presidiendo la enorme mesa redonda y llena de papeles desde donde él me observaba sonriente. No vi ningún título bajo su autoría en el librero de la esquina. Para mí quedaba una silla minúscula que era como un precipicio desde la altura de mi metro con sesenta y dos.
¿Por qué les pondrá a los visitantes una silla tan pequeña? Pensé en todos los escritores que pasarían diariamente por allí. Chinos, bolivianos, argentinos. Él usaba pantalón de mezclilla, camisa clara, grandes espejuelos y una enorme nariz arrugada, como una zanahoria.
Al acercarme a Timossi tuve la sensación de hacerlo a la Historia del continente, sin ser parte de ella. Eso es lo que él define como el oficio del periodista. Desde este anonimato de reportero de agencia, su pluma afilada ha descrito por más de cuarenta años desde el cepillo de dientes que fue diseñado para morir de pie hasta el pan dorado que está sobre un trípode, redondo y horneado, que es el único signo de vida y está en venta.
Su andar inquieto lo llevó de Buenos Aires a Bolivia, luego a Río de Janeiro. Allí se integró a la recién fundada agencia de noticias Prensa Latina. Ya en 1961 estaba instalado en La Habana.
Después de esta etapa su vida se convirtió en un collage de imágenes del mundo. En él se mezclan Libia, Irán, Cuba, Chile, Argelia, Bolivia, Argentina. Fue el único periodista latinoamericano que cubrió la caída del Sha Reza Pahlevi en Irán, levantó el cuerpo muerto de Alejo Carpentier en París, fundó la oficina de Prensa Latina en Indonesia, obtuvo el Premio Internacional de Periodismo, el Premio Nacional José Martí y una mención de poesía en Casa de las Américas.
No hablamos nada de eso. Al cuestionarle sobre el periodismo, sobre la vida, sobre la militancia y el miedo, me resultó más cercano, como la lupa del observador que se inmiscuye, lo ubica y lo interroga…







Sobre el oficio

Al cubrir un hecho periodístico, ¿ha sentido miedo? El miedo mismo da la fuerza, es el que mueve. Cuando los soldaditos entraron a la oficina de PL en Chile después del golpe de estado todos teníamos miedo, pero había que hacerlo. Aquí el tímido se vuelve audaz, hay que preguntar siempre.

En su caso, que tiene formación de químico y no de periodista, ¿cómo siente que los hechos le aportaron destreza en su profesión? Yo tuve mucha suerte por la oportunidad que tuve de estar en ciertos sitios con hechos insólitos y muy importantes en su momento, ellos fueron la mayor ayuda.

Muchos reporteros no tienen esa oportunidad de grandes hechos históricos, ¿cómo ganan ellos la destreza? Ante todo deben estar siempre olfateando, buscando. Recuerda la frase de Picasso –yo no busco, encuentro. Mi primer trabajo periodístico fue hacer una nota sobre un circo. Fui cuarenta y pico de veces, siempre me parecía que faltaban datos. Me hice amigo del cuidador de elefantes. Un día llegué y faltaba la elefanta, pregunté y me dijo que se había muerto. ¿Y donde la entierran? No la entierran, la mandan a la fábrica de jabón. Entonces el primer título fue: una elefanta se convierte en una pompa de jabón.

Entonces, ¿es un mito lo de la fórmula mágica para cubrir con éxito una noticia? Bueno, cuando el Ayatollah Khomeini terminó su exilio en París y cogió un avión a Teherán lo que yo tenía que hacer era ir detrás y eso hice. Eso me permitió entrevistarlo a él, a los otros Ayatollahs importantes, recoger los primeros momentos de esa revolución.

¿Y el conocimiento del tema? Bueno, uno debe siempre intentar prepararse lo más posible. En ese caso yo estudié sobre esa cultura, el Corán, la religión chiíta que era la de Irán y sus diferencias con la sunnita. Así cuando llegué a Teherán tenía un bagaje aproximado del país y de la situación. Los periodistas que no tienen esa oportunidad deben buscar en todas las fuentes posibles. Internet, libros, revistas, con personas que sepan o que hayan estado en el sitio.

¿Qué sucede si uno se enfrenta a una situación de la que no tiene conocimiento ni oportunidad de prepararse? Lo enfrenta, lo mejor posible. Me pasó cuando estaba en Argelia de corresponsal de PL. Me mandaron a Libia para la toma de poder y tuve que ir sin tiempo de prepararme. Estaba parando algún camión o algo que me llevara y cuando me paró uno no querían hablar más que en árabe. Entonces hice señas con las manos: Estados Unidos, pulgar abajo, Francia, igual, Unión Soviética, abajo, Cuba, pulgares arriba y sonrisas por ellos. Me sentí muy feliz, uno no es capaz de imaginarse lo que la gente sabe en el mundo sobre Cuba. Otra vez, estuve en una entrevista no podíamos saber quien era el entrevistado. Nos tapaban los ojos para llegar al sitio y cada periodista decía su país y una pregunta. Cuando dije Cuba al hombre le brillaron los ojos. Al finalizar se me acercó y me dijo en francés, déle muchos saludos a Fidel Castro. ¿De parte de quién? Le pregunté, pero me dijo –no- , riéndose.

En este momento que desempeña el cargo de vicepresidente del Instituto Cubano del Libro y Presidente de la Agencia Literaria Latinoamericana, ¿cómo compagina el trabajo de oficina con el de escritor?
Escribo siempre, no me permito dejarlo. En un tiempo libre, los fines de semana, al menos dos frases diarias, aunque luego se rehagan, no se puede dejar de escribir. El resto del tiempo olfateo.

Olfateo, dice, ¿y qué puede ser noticia?
Todo, todo es noticia. ¿Y dónde queda la polémica entre qué es público y qué es privado? Esos límites los tienen que poner la ética y los principios de cada periodista.

Su obra tanto literaria como periodística integra siempre las palabras de cada región ¿Eso no va en contra de una lectura en todo el continente?
No, porque también es información. Uno debe saber dosificarlo para que los lectores gracias al contexto comprendan el significado de esa palabra.

En el caso de América Latina, ¿por qué cree que no se ha dado conjuntamente una revolución social aunada a la revolución política de inicios del siglo XXI? Porque ellos no tienen un Fidel, tan abarcador, tan integral.

¿Y cómo puede combatirse la enorme desinformación, la monopolización de los canales informativos en estos países? Con Telesur, el canal latinoamericano que ha promovido Chávez desde Venezuela. Ellos son ahora, aunque con un medio distinto, lo que fue PL cuando se fundó. Pienso que seguirá creciendo. Además se complementa con las radios alternativas que ya existen en muchas regiones. Es difícil, pero para PL también lo fue. Muchas veces nos cerraron las oficinas pero se buscaba, se insistía, se abría por otro canal.

Habla de una constancia militante, como en la época del Che. Si en cada país existen líderes, héroes, ¿por qué él es cada vez más popular? Por la relación de sus palabras con sus hechos. Así fue siempre, porque hay quienes dicen palabras muy bonitas, pero de ahí a los hechos hay una gran distancia. En él fue siempre lo contrario.



Sobre el hombre

¿Ha soñado con Fidel Castro?
Sí, he soñado que conversamos mucho, que está sentado conmigo. ¿Qué es Fidel hoy? El gran estadista que siempre ha sido, el gran conductor, con una cultura vastísima, como ningún otro dirigente en el mundo.

En su libro El 11-S y la Gorda, ella quiere irse para”la Yuma” (Estados Unidos), pero en sus alocuciones sobre Fidel se ve un respeto. ¿Quiso resumir con la Gorda la posición de las personas que están en contra del gobierno, o simplemente quieren irse de Cuba, y su visión de Fidel? Sí, de hecho en ella está resumido. Fíjate que hay una parte en que ella dice –Fidel nunca miente- existe ese respeto incluso en ese sector de la sociedad cubana hoy.

Usted ha sido premiado tanto por sus crónicas como por sus poemarios. Ante un hecho, ¿cómo ve el periodista y cómo el poeta? Es indistinto, soy la misma cosa, aunque cada trabajo tiene sus particularidades y grandes diferencias en el fondo están muy unidos. Tenemos por ejemplo a Saramago, sus crónicas son tanto periodísticas como literarias y son hermosísimas. Yo siempre creo que lo peor que puede pasarle a un periodista es creerse parte de la Historia, pero un poeta no tiene ese problema.

Si trata de respetar ambos lenguajes, ¿por qué los cuentos que ha escrito en los últimos años tienden a lo corto, a lo cada vez más breve? Creo que ahí sí es un vicio que me ha dejado el periodismo: quitar palabras, resumir. De todas formas no hay una escuela para aprender a escribir, uno puede ir a la academia y que le den algunas herramientas, pero ahí solo se empieza.

Volvemos a Timossi periodista. Una vez escribió: aquí la realidad es más grande que nosotros mismos. Eso lleva a muchas imágenes en las mentes lectoras. Si tuviera que hacer un collage de imágenes que le quedan, ¿cuáles serían? Hay muchísimas, todo el día están pasan por mi mente como una película. Me veo caminando por el desierto de Sudán, por el desierto de Atacama, recuerdo el olor de una flor, el de una mujer.

¿Cuáles sensaciones desagradables recuerda?
Hay algunas muy raras. Por ejemplo, cuando voy a Buenos Aires para ir a una dirección tengo que preguntar porque no sé donde queda. Me siento extranjero en el lugar donde nací. Una vez iba en un camión de Kenia a Jartum, en cada parada todos los pasajeros se bajaban y se hincaban a orar a Mahoma, entonces tuve una duda existencial: ¿Qué rayos hago yo aquí?

¿Y las sensaciones felices? Cuando estaba en Santo Domingo durante la invasión norteamericana soñé con las aceras rotas del Vedado. Fue muy real, cuando regresé y las vi fue de lo más feliz que me ha sucedido. Cuando llegué a La Habana después del golpe de estado en Chile en el 73. En viajes que he hecho con Fidel.

¿Siempre relacionado al trabajo?
Sí, casi siempre. El trabajo es lo primero, lo más esencial.
¿Por qué se hizo ciudadano cubano? (Abre los ojos, se ríe, echa la barbilla hacia delante y sale su voz, dura, compacta, grave). Por amor a Cuba. ¿A Cuba o a la Revolución Cubana? Mijita, ambas son indisolubles.

Cuando dijo que ya era hora de que termináramos, me preguntó de repente si yo estaba enamorada. Supongo que me sonrojé y como defensa le devolví una pregunta igual. Sin que lo esperara, me contó de un amor que había ocultado por más de treinta años, una cineasta que conoció cuando joven y con la que vivía recientemente.
Me dijo que ahora era feliz, que juntos estaban plantando en su casa un jardín. Sacó del librero una alfombra china que le habían regalado. Una sorpresa para ella, dijo, con una expresión de ternura que no había visto en él ni en alguna de sus fotos.
Antes de salir le advertí que recordaría su cumpleaños porque era el 6 de mayo, exactamente un mes después del mío. Cinco meses después, el día en que cumplió setenta años, le envié un girasol y las gracias. El Felipito adulto, finalmente, me había dicho algo que no fue impreso nunca antes en algún libro ni entrevista suya.

junio 09, 2008

Dayana muerta: Primera versión


Aquí les dejo la primera versión de un cuentecito que estoy trabajando para una serie sobre homosexualidad y discriminación.
La idea de los minicuentos que trabajé hace poco me gustó y bueno este desorden de las mini-historias me parece que puede funcionar: ustedes dirán.


3
Nadie supo que Dayana ya estaba muerta. Y la verdad no los culpo. Ella nunca dejó de verse como una aludida por los dioses, una vistosa aparición púrpura que obstruía los sueños de los más puros del barrio.
Tenía quince años. Las calles estaban pintadas con su perfume a cuarto de fotografía, en todas las esquinas su tristeza de animal aéreo era comprendida como desvaríos del sistema, que inevitablemente paría productos no viables.
Dayana flaca, con la entrepierna morada y las palmas de las manos muy blancas. Dayana con la boca abierta y los dedos en la garganta de alguno que se dejara conquistar dos horas un sábado por la noche, para luego regresar abochornado al sopor de los domingos, con la marcha del pueblo combatiente en la televisión y la olla de tamales hirviendo en el patio.

1
Seis años pasaron desde que su padrastro la botó de la casa: ya hice todo lo que tenía pendiente contigo, lo que hagas con tu vida no es mi problema. Si no fueras tan mala podría quererte más.
Justo en esa semana me mudé al barrio, esa ronda de edificios que se hundía en cuatro metros de fango cuando caían tres gotas de lluvia. Dayana buscaba un sitio dónde posar sus miedos, su dolor de espalda y sus ronquidos, que ya eran famosos entre los pocos amantes atrevidos a confesarse como tal.
Conforme le aumentó la celulitis en las piernas, metió la cabeza en la capillita frente al parque y se inventó una historia fantasmal de cómo los compañeros de primaria siempre se burlaron de su bemba grande. El llanto le valió casa dos años más, hasta que desapareció de los debates y sólo las bolas humeantes que corrían de boca en boca me dijeron algo de su bebé muerto y del tumor que le crecía bajo la panza.
No sé dónde vivió Dai todos esos años, creo que en casa de Mario, supongo que escondida entre las cajas de cartón sucias del jardín. Una vez me la encontré quejándose del buen clima con Fernando, el lechero.
- Cuando el huracán Flora dieron asilo en los albergues más de dos semanas y ahora con el cochino periodo especial nada más pasa el airecito te tiran para afuera con esa mierda de que los niños tienen que regresar a clases y las escuelas no pueden servir de refugios por más de cuatro días.
- Oye Dai, pero de qué te quejas si tú nunca vas a las reuniones del comité y la gente no sabe ni a qué cuadra perteneces. Nadie puede responderte si eres una vaga que le robas chispa de tren a los borrachos de toda la vida, que mal que bien tienen ganado su puesto por derecho de años.

2
Yo le caía bien, lo sé porque siempre dejaba de toser cuando yo pasaba junto a ella. Es que ella era cochina, de verdad cochina, y nunca supe cómo podía tener los dientes tan blancos y parejitos, si cada día estaba más gorda y más prieta.
Pero no me gustaba por cochina, ni por negra, sino porque era la que mejor abría los mangos verdes y sé que había comido más que todos nosotros y nunca le dio tifus, aunque no la vacunaron. Me gustaba y se lo dije.
Ya mi mamá sabía que a mí me gustaban las mujeres y de todas formas yo soy blanca, mi abuelo era español de pura cepa. Lo que me dijeran no importaba, para eso somos un país socialista, ¿no?, para preocuparnos por los pobres, los negros y los maricones.

4
Yo de verdad que estaba dispuesta a todo por Dayana, me imaginé muchas veces su piel durita llena de sudor en la cocina, o cuando nos despertáramos abrazadas y le acariciara la cara lisa y el pelo enroscado.
Dayana tenía unas manos de envidia y desde que no le hacían caso en el barrio yo sé que estaba considerando lo nuestro. Como tres veces la vi como me perseguía a lo lejos, la dejaba porque estar con alguien es una decisión difícil, mi negrita tenía que tomarse su tiempo.
Lo que nunca me imaginé es que saldría con esa mierda.
- Lo siento, querida, quiero estar con Mario porque es el padre del hijo que perdí, además es médico y puede curarme el tumor.

Por eso sé que no me van a meter presa, la Directora siempre nos dijo que los negros de grandes sólo sirven para policías y guardias a la entrada de las discotecas.
Nadie sabrá que está muerta. La harán en Europa o en un hospital de provincia, donde no importa si eres negra o blanca, porque todos son igual de pobres.
Mario ni ha preguntado por ella, además quien va a pensar algo de mí, la mongólica del barrio. Nadie más que mis manos temblando sabrá cuanto tiempo lleva Dayana con la cabeza incrustada contra la tubería de agua que viene del centro de La Habana, mucho menos entenderán ese color rojizo que a veces tiene el agua cuando sale del grifo.

mayo 06, 2008

Musa

Musa abre las encías
machaca los dientes
lame el corazón de la palabra
verás qué fácil
cabalgan letras desnudas
en el aserradero del silencio.

abril 21, 2008

Opciones




Es mejor quedarse sin manos
a huir de ti
es mejor quedarse sin historia
olvidar como sabía la nata en el café
las arrugas de abuela
olvidarme del primer sabor que tuve de las palabras
o cuánto deseé las cerezas del patio vecino
es mejor olvidar: una vez quise desvendar muertos
ser abogada
pronunciar largos discursos que alguien oyera conmovido
es mejor olvidar que fui débil ante la noche
las ganas de ir al baño u otros detalles tontos
es mejor olvidar: pensé dos segundos casarme o no contigo
es mejor arrepentirme de la memoria
obsequiarte todos mis recuerdos en un cuadro grande
que cuelgues en la sala de tu corazón
es mejor celebrar contigo
cuando vengan almas nuevas a tu vida
en todas sus esquinas dirá cuánto te quiero.

Madrigal


No era sangre
nada corría en mí
hubo mar laberintos de silencio
platos de sopa repletos de vacío
sábanas secas
hubo frío
sílabas de viento que nadie recogía
la luna no hallaba qué decirme
la cuerda del tiempo mutilada
infértil
hubo el nido donde mis palabras se cobijaron
verano otoño año nuevo
todos los aguaceros de la espera
y el agua en mí derretía las sílabas
yo era añicos era estatua de ceniza
entre mis dientes mi lengua seca
yo era la muerte viviéndome la vida
era la ausencia o pensaba que lo era

un día de febrero volví a tus manos grandes
entonces supe
había estado muerta.

abril 20, 2008

Otoño

Natalia sacó a la venta hace poco sus Cuatro Estaciones del Amor, y me encanta, y me une a Viv-Oh! como tantos otros milagros.
Fuimos a verla tocar a Xalapa con la Orquesta Sinfónica Juvenil y aquí les dejo el video con Otoño y un poemita que escribí esta mañana mientras Voi se acurrucaba en mi hombro y con el otro brazo yo sostenía el ipod, el libro de Pizarnik y la luz de la ventana.

PD: Puesto que casi no leo otra cosa, en lo subsiguiente el libro de Pizarnik se llamará solamente: el libro.



Otoño

Para Natalia Lafourcade

Alguien viene a mi octubre
siembra olores
riega las sombras
pinta mariposas con luz
alguien viene a comer el viento
a cantarle al mediodía
a guardar treinta y un noches bajo su falda
alguien viene a mi oído
y confiesa: octubre no existe
es un invento tuyo
¿Qué hago ahora con dos abriles?
Ahora que antes y después del frío
viene la primavera.