
Dibujo: María, por Orlando Galvez "Filio", amigo entrañable y lejano.
Para todas las mujeres de mi casa,
a quienes dedicaré esta locura que amenaza con convertirse en novela
La literatura es el azúcar que me he puesto sobre las heridas para que dejen de sangrar, tomo pastillas de literatura cuando me duele la cabeza, es el sustituto de los brazos del ser amado, es el único acicate verdadero con que cada día enfrento mi muerte.
He muerto tantas veces en mis pocos años que podrían haberse escrito miles de páginas; el lugar de ello se repliegan en mí, me acosan y construyen un escudo de palabras que ha pintado mis venas de verde y me ha convertido inefablemente en un árbol hablante.
Ahora me veo como tal, por primera vez descubro puntos rojos en mi cuerpo, frutas que quizá algún día serán poemas, pero ahora son mis enormes ganas de ser madre.
La vida será este largo cerrar de mis labios, esta larga estela donde las palabras irán adquiriendo fuerza, carácter, y la batalla será cada día más dura en el campo del silencio, el único del que siempre salen herederos. Algunos de ellos serán mis manos, mi esposo y mis hijos, quizá mis lectores, si es que alguna vez, el árbol hablante decide irse a tierra seca.
(Fragmento de Adiós a La Época. Última noción de María Aránjuo, proyecto de novela, aún en ciernes).
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